Monstruos S.A. Y el origen de los monstruos protectores

por | De Ranas y Reyes | 0 Comentarios

No me preguntéis por qué, pero el otro día, preparando el listado de los cuentos que quiero analizar, me vino a la mente la película de Monstruos S.A. 

Dejé de trabajar y me paré a pensar en qué buena película había hecho Disney; luego desvarié pensando en qué otras películas había hecho Disney que fuesen historias propias y, tras un buen rato, me dije: «Dani, eres gilipollas, que esa la hizo Pixar cuando todavía era independiente; Disney solo la distribuía, por eso es una buena película».

Con eso aclarado, continué con mi lista… pero el veneno ya estaba dentro de mí. Comencé a desvariar de nuevo pensando en que en las películas de Disney es evidente en qué cuento están inspiradas… pero en Monstruos S.A., ¿en qué se inspiraron? 

Es fácil identificar el mito del monstruo ya sea en el armario o debajo de la cama. El Coco, el sacamantecas y similares… Pero estaba seguro de que tenía que haber algo más, no solo una desmitificación de los terrores nocturnos infantiles. 

Para cuando me di cuenta, tenía que ir a cenar; había perdido el día entero y tenía infinitas pestañas abiertas en Safari sobre la antropología de la evolución de los miedos nocturnos infantiles y solo seis cuentos apuntados en la lista de futuros episodios. 

Sulley no tiene un viaje del héroe, se trata de un proceso de autodescubrimiento. Mike es el personaje secundario cómico, pero también es el Pepito Grillo. Comienza siendo el fiel defensor de las normativas de la empresa y termina siendo una herramienta de cambio. 

Si pensamos en cine, es fácil ver el arquetipo manido de «héroes a pesar de todo», con muchos matices.

La cuestión es que me dije algo así como… Dani, qué pena de organización que tienes, y encima seguro que tus oyentes se imaginan a un tío serio, académico, con monóculo y todo bien organizado, escribiendo con pluma y tintero, de esos que cuando hablas con ellos te sueltan frases tipo… Como dijo Rousseau en 1762: «El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado», y yo no sé ni cuántos años tengo y se lo pregunto a mi mujer. 

Así que, como el calor de Zaragoza y sus más de cuarenta grados me derriten el cerebro, decidí que este episodio iba a ser diferente. 

Vais a sufrir (sí, sí, sufrir) mi proceso creativo, las vueltas y derrapes que da mi cerebro hasta que logro más o menos encauzarlo y terminar un guion. ¿Por qué? 

Y yo qué sé; en primer lugar porque no quiero que tengáis una imagen de mí que no es y, en segundo lugar, porque me apetece hacer algo diferente. 

También decidí saltarme el listado en el que no había llegado a incluir a Monstruos S.A., porque no es un cuento como tal. 

Vamos, no me dije eso de «sujétame el cubata» porque no me gusta, pero sí que me preparé un carajillo de Baileys con hielo que me encanta, y un poco de canela.

Con mi kit de supervivencia listo para el verano de Zaragoza me puse manos a la obra.

La primera fase de mi proceso de investigación ya la había hecho, que es tan simple como buscar y leer todo lo que me voy encontrando sobre el tema con el único filtro de que citen sus fuentes, sean pappers académicos o libros de autores reputados en su materia. 

La segunda es curiosa porque aunque parece sencilla a mí me agota: me siento mirando a la pared con los pies en alto hasta que me aburro mucho y, en ese punto en el que tú ya no diriges tus propios pensamientos, me quedo con esas últimas preguntas que se han quedado resonando. 

Aquí interviene todo aquello que he leído, visto u oído a lo largo de mi vida. Como he dicho, no soy capaz de recordar con exactitud qué leí, dónde, quién lo escribió ni en qué fecha, pero sí recuerdo la esencia y sé por dónde buscar para volver a encontrarlo. 

Me sonaba que los animadores se habían inspiraron, para crear a Sulley, en los osos perezosos para dotarlo de su estatura y aspecto amenazador a la par que tranquilo, mezclándolo con la estética de la película de 1989 Little Monsters… y para crear a Mike, en la figura mítica de los temidos cíclopes. 

De nuevo mi cerebro comenzó a desvariar porque, yo, por lo menos, no veo el más mínimo parecido entre Sulley y los osos perezosos, ni mucho menos con el monstruo de estilo punki de la película de 1989. Por no hablar de Mike y los cíclopes de la mitología griega… 

Para cuando me di cuenta, estaba leyendo cómo la figura de los cíclopes había ido desapareciendo cuando en la antigua Grecia se transicionó del mito filosófico hacia el racionalismo. Me cabreé conmigo mismo, me di un paseo y volví a centrarme en lo mío. 

Toca ponerse a reducir cada una de las piezas; por ejemplo, Sulley no solo es un monstruo, es el más malo de todos, el número uno… Y, pese a ello, se encariña enseguida no ya con un enemigo, sino con alguien que, en teoría, puede matarlo con solo tocarlo. Se transforma para cuidar, ayudar e incluso seguir protegiendo en el futuro, cuando se separa de ella, a una pequeña niña humana. 

Mike, por su parte, es un monstruo benévolo y gracioso que traiciona sus creencias más íntimas. En este aspecto no es justo verlo solo como unas reglas de trabajo; en su contexto, son el equivalente a las tablas sagradas con los diez mandamientos. 

Ese proceso de ruptura no son solo reglas laborales,  son reglas de supervivencia y las rompe para ayudar a Sulley y a la niña, es un cambio mucho más importante que la rápida transgresión de su amigo. 

Sumido en estos desvaríos, es cuando me surgió una pregunta interesante: ¿existen esos arquetipos en el folclore popular? Esta pregunta es más complicada de lo que parece porque, para empezar, hay que definir a que arquetipos nos referimos.

En mi proceso hay un elemento clave que todavía no os he revelado y es, posiblemente, uno de los más importantes: pasear por las mañanas con mi perra. 

Todos los días me levanto a las seis de la mañana; ahora que hace calor, incluso antes, porque en Zaragoza a las ocho de la mañana ya da pereza estar en la calle por el calor. 

Así que junto a mi perra, una extraña preciosidad cruce de salchicha con pitbull americano, que da como resultado una salchicha con esteroides, me voy a pasear un par de horas. 

Mientras ella corre como loca persiguiendo conejos, yo aprovecho esos ratos de paz y silencio para pensar en toda la información que he ido leyendo pero todavía no he procesado. Es ahí cuando me di cuenta de algo crucial. 

Estaba centrándome en el detalle y no estaba haciendo lo que siempre insisto que hay que hacer primero…. conocer el contexto. Así que, al llegar a casa, toca seguir buscando, filtrando y leyendo. 

La esencia de esta historia es el mito del monstruo que acecha a los infantes en su cuarto, así que toca investigarla y buscar cuál es la versión más antigua de este mito y ver su evolución. 

Para ello tuve que sumergirme de nuevo en la antigua Sumeria y Mesopotamia para encontrar la figura de Lamaštu, un demonio femenino que se deslizaba por la noche para arrebatar a los recién nacidos, beber su sangre y devorar sus huesos. A diferencia de lo que creemos hoy en día, esta figura nació como una necesidad para los adultos, no para asustar a los niños. Nos encontramos en una época con milenios de antigüedad, pero ya son sociedades estructuradas, con casas, propiedad y control sobre la naturaleza y las amenazas externas. 

Pese a ello, sigue habiendo un elevado número de muertes de bebés dentro del hogar, a salvo de todos los peligros conocidos. Estas muertes, aparentemente sanos y sin ningún peligro a su alrededor, no solo es algo que destroza a una familia, sino que es incomprensible. 

No hay ningún animal cerca, ningún arma y tampoco ha entrado ningún desconocido. ¿Por qué se ha muerto? 

Ahora esto tiene un nombre, síndrome de muerte súbita… eso no le resta dolor, pero le da una explicación. Sin embargo, en la antigüedad solo había dolor y ninguna explicación; por eso se construyó la figura de estos espectros. La misión principal de esta figura era dar una explicación a los padres. 

Habían tenido la desgracia de que un espíritu se colase en su casa y les arrebatase a su bebé; eso ya no tenía arreglo, pero podían hacer algo. Alrededor de esta creencia se construyeron también ritos para expulsar a los espíritus, ritos de purificación para prevenir que no volviese a entrar, otros para proteger a la madre, a la habitación… Nosotros sabemos que todo eso daba igual, pero también sabemos lo importante que es tener algo que te dé esperanzas para que eso no te pase… y más aún para que no te vuelva a pasar. 

Esa era la primera función, pero no la única. La segunda, y no menos importante, era exculpar a la madre, no porque la sociedad pensase que era su culpa… sino porque lo creía ella. La responsabilidad de criar a los bebés siempre ha recaído en la figura materna. Si el bebé fallecía, encima en el ámbito de la propia casa, donde no hay ningún peligro externo para el propio bebé, la responsabilidad era de la madre. Sin olvidar que no eran casos aislados o esporádicos, sino bastante comunes… 

Estamos hablando de la sombra del primer asesino en serie de la historia, ¿os habíais parado a pensarlo así? Yo tampoco. 

Es ahí donde entra en juego la figura de un espíritu maligno que se cuela en las casas y acaba con la vida de los más pequeños mientras están durmiendo, ¿cómo va la pobre madre a enfrentarse a él? Este es el origen de la propia figura que, como ya sabemos, tanto en sus historias como en sus funciones va evolucionando y mutando para adaptarse a las necesidades de cada época.

Lo primero que me llamó la atención es que en sus orígenes era una figura femenina; pero yo todos los monstruos que recuerdo son figuras masculinas. ¿Por qué? 

Esto lo encontré rápido, la verdad. La transformación responde a un complejo proceso de adaptación cultural, histórica y sociopolítica a lo largo de los siglos, especialmente documentado en la península ibérica: Los cambios se producen sobre todo a partir de la implementación del catolicismo. 

Es fácil verlo en la profunda mitificación de la figura materna y la fuerte devoción de la Virgen. Al ser la madre la figura protectora indiscutible y bondadosa del hogar, el antagonista maléfico al que le toca imponer el castigo desde el exterior adoptó, por contraposición, una identidad masculina. Esta figura en sí es la que fue mutando y adaptándose tanto a cada época como a cada lugar. 

En España durante la Reconquista, el terror nocturno se transformó en «el moro», que era el enemigo exterior. Sin embargo, en Flandes todavía a día de hoy es curioso cómo esta figura generalista no solo tiene nombre propio, sino incluso título nobiliario: el duque de Alba, que fue enviado por Felipe II en 1567 para sofocar las rebeliones calvinistas y restaurar el orden católico; su gobierno se convirtió en el arquetipo de la opresión extranjera. 

El último cambio adaptativo en este mito ocurrió durante el siglo XIX, con la industrialización y los cambios sociales donde nació la figura del Sacamantecas, Mantequero o Tío del Sebo.

Esto nació fruto tanto de sucesos históricos reales como de la superstición popular. Hay casos criminales documentados de que ciertas personas asesinaban a niños y mujeres para extraerles la sangre y la grasa corporal (el sebo), para luego venderla a las clases adineradas como supuesta cura para enfermedades terribles como la tuberculosis. 

Esto actuó como gasolina para avivar el mito marcando una evolución del mito porque el Coco abstracto representaba el miedo psicológico a lo desconocido o a la oscuridad; por su parte, el Hombre del Saco y el Sacamantecas personificaron un miedo mucho más terrenal y específico: el peligro de los desconocidos. 

Con todo esto ya no sabía ni lo que estaba haciendo, pero tenía un mapa mental mucho mayor, ahora tocaba una pregunta más simple. ¿Dónde entran en el terreno de juego nuestros queridos protagonistas de hoy, Sulley y Mike? 

Comencemos con Sulley, un monstruo orgulloso de serlo; que incluso entrena para ser el mejor, el más terrorífico, el que más asuste. Sin embargo, al conocer a una niña pequeña, siente la necesidad de protegerla. Al estar en contacto con ella y ver su miedo real, cambia y quiere protegerla, ayudarla a regresar a salvo a su hogar… Incluso, una vez que logra su misión y la niña está a salvo, continúa visitándola para asegurarse de que está bien. 

Con esto claro, permitidme que os hable de un cuento que, estoy seguro, no conocéis: Juan de Hierro

Nos traslada a un reino donde hay un bosque muy peligroso; en él que todos los cazadores que entran desaparecen sin dejar rastro. Hasta que un día un cazador ve cómo un enorme brazo peludo emerge de una charca y arrastra a su perro de presa a las profundidades con él. 

Logra huir del bosque y cuenta este suceso al rey que, al instante, ordena rodear la charca con soldados y vaciarla para encontrar al monstruo que se esconde en ella. Tras hacerlo encuentran un ser monstruoso similar a un oso lleno de pelo que, al estar cubierto de lodo, parece que su pelaje sea de hierro oxidado. 

Lo atrapan y lo conducen al castillo cargado de cadenas y el rey, triunfal, lo exhibe para presumir ante los países vecinos de que es tan poderoso que logró capturar al monstruo. 

Al limpiarlo arrojándole cubos de agua descubren que el monstruo es similar a un oso, pero su pelaje es denso y de un color verdoso. Encierran al monstruo en una jaula que dejan a la vista de todos en el patio del palacio y el rey entrega a la reina la llave para que la custodie. 

Un día el príncipe, un niño de ocho años, está jugando solo en el patio con su pelota favorita, una pelota de oro que rueda hasta entrar dentro de la jaula del monstruo, al que llaman Juan de Hierro. 

Y le dice que solo se la devolverá si le libera, el niño que anhela su pelota favorita se cuela en la habitación de sus padres mientras duermen, roba la llave que guarda su madre bajo la almohada y libera al monstruo. 

Pero, tras hacerlo, comienza a llorar al imaginar el enfado de sus padres y el castigo que le impondrán. El monstruo, conmovido por el niño, lo coge, lo sienta sobre sus hombros y se lo lleva con él al bosque para protegerlo de la ira de sus padres que, a fin de cuentas, se había ganado por ayudarlo. 

El resto de la historia no nos interesa; el resumen es que el monstruo cuida del niño, ve que es un joven de un corazón noble, lo libera y siempre está vigilándolo y protegiéndolo para ayudarle en momentos de peligro. 

Es, de forma casi idéntica, la misma estructura que vemos en la película.

En cuanto a Mike es fácil ver que es, el bromista, ese amigo que parece una mezcla entre un secundario cómico y un Pepito Grillo. 

Acudí a las fuentes oficiales y vi que los animadores se inspiraron en los cíclopes de la antigua mitología para crearlo y eso no me aportaba nada. 

En ese momento me di cuenta de que mis preguntas podían estar bien pensadas pero mal dirigidas. Mi primera búsqueda se basó en los arquetipos que habían escogido los animadores para crear la imagen física, pero ellos no habían creado la esencia de la historia. A fin de cuentas, los animadores trabajan sobre un guion, así que mis preguntas debían ir dirigidas hacia los que concibieron la idea y crearon el guion. 

En esta ocasión me centré en buscar declaraciones tanto del director como del equipo de guionistas. ¿Cómo diseñaron y crearon a estos dos personajes? Lo que encontré, para ser sincero, me decepcionó. 

Su inspiración fue definirlos como los arquetipos cómicos de «colegas de oficina» y «héroes a su pesar», inspirados en la comedia de opuestos y en el cine clásico. Otro muro infranqueable.

Llegado aquí ya estaba sin recursos e hice lo único que podía hacer… Cuando una respuesta no te gusta, sigue buscando hasta encontrar una que sí lo haga. 

Otro cambio de estrategia, escalar en jerarquía e ir a la fuente original: ¿quién tuvo la idea para crear esta película? 

Pete Docter en 1994, en un almuerzo del equipo creado para ser una lluvia de ideas para futuros títulos mientras estaban trabajando en los últimos toques de la que se convertiría en la a día de hoy mítica Toy Story

Su propuesta estaba inspirada en la propia Toy Story y quería mostrar a un hombre de 30 años atormentado por dibujos de monstruos que había hecho de niño. Cada criatura cobraba vida y personificaba uno de sus miedos adultos actuales. 

Interesante pero sin rastro de cuentos o folclore antiguo, y tuve que volver a hacer ajustes.

Acoté mi búsqueda. un último ajuste en mi planteamiento: ¿en qué pensó para definir a los dos protagonistas? 

Y también encontré entrevistas y artículos donde lo mencionaba. Al principio, el guion se atascaba porque la audiencia no empatizaba con monstruos que asustaban a niños por trabajo. 

La revelación llegó cuando Docter entendió el verdadero trasfondo: la película no iba de monstruos, sino de la transición de un hombre convirtiéndose en padre de manera inesperada. Trasladó todo el choque emocional, el miedo a la responsabilidad y el cariño instantáneo que sintió como padre primerizo a la relación entre Sulley y Boo. Y por otro lado, la parte sin duda más original de esa película: su gran genialidad humorística consistió en modelar a la pareja basándose en empleados corrientes. 

Se inspiró en la rutina de fichar por la mañana, comer donuts en los descansos, quejarse del papeleo de la oficina y pagar las cuotas del sindicato. Mike y Sulley nacieron de esa yuxtaposición: seres temibles que, fuera de su trabajo, son simplemente dos compañeros de piso lidiendo con el estrés laboral cotidiano. 

Cuentos clásicos, folclore, personajes mitológicos… ni se les ve, ni se les espera. 

No os voy a mentir, esperaba alguna referencia a cuentos de la infancia, anécdotas de folclore… algo

Pero nada, cero absoluto. Aquí podría jugar la carta de que todo este conocimiento está en nuestra cultura, interiorizado de tal forma que no somos conscientes de ello. 

Pero no voy a buscar excusas: en la creación de esos personajes, hay cero inspiración en el folclore popular. ¿Eso me importó? En absoluto; yo a lo mío, a buscar. 

Ahora ya no tenía que pensar como los guionistas o animadores, sino buscar lo que a mí me interesaba. 

Desde la perspectiva del lenguaje cinematográfico, lo más evidente es pensar en Mike como un personaje secundario cómico. Pero esto no es un pódcast ni de cine ni de guiones de cine. 

Mike no solo se encarga de hacer bromas, es un agente de transición, un personaje imprescindible para que la trama avance. Por lo tanto, su rol encaja mejor en el de un compañero de viaje. 

Este arquetipo está muy presente sobre todo en los cuentos eslavos y relatos como los de Hans Christian Andersen. Este arquetipo es el del ayudante pragmático y dotado de recursos que se une a un héroe más ingenuo. Su papel no es solo gestionar la logística de la aventura, sino que actúa como guía moral, advirtiendo de los peligros y diseñando estrategias racionales para burlar a los enemigos. Y esto coincide milimétricamente con el rol de Mike.

Una vez que esto está claro, toca bucear en la antropología del folclore…A nivel histórico, el ejemplo más perfecto del «monstruo protector y jocoso» es el dios Bes del Antiguo Egipto. 

Un enano de rasgos leoninos y una fisonomía grotesca y demoníaca; se trataba de una deidad benévola consagrada a la alegría, la música y la protección de los niños. Sus figuras se colocaban en las cunas para espantar a las entidades malévolas de la noche mediante burlas y bailes, transformando el terror a la oscuridad en tranquilidad y risas. Lo cual, si os fijáis… encaja a la perfección con el final de la película Monstruos S.A. 

¿Casualidad? Por supuesto, al cien por cien. ¿O no? 

Me atrevo a decir, sin ningún tipo de prueba pero tampoco de duda, como se suele decir, que la única verdad absoluta es la de que no hay nada nuevo bajo el sol (que, por cierto, si os preguntáis de dónde viene esta expresión, es de la Biblia y está atribuida al rey Salomón, para que veáis si es vieja). 

Todas las ideas o conexiones que podamos pensar, ya las ha tenido otra persona antes. 

Y entonces entiendes algo.

Que da igual si hablamos de un demonio en Mesopotamia, de un dios egipcio que baila para espantar la oscuridad o de dos monstruos que trabajan fichando en una fábrica.

Porque, en el fondo… siempre estamos hablando de lo mismo.

Del miedo.

Y de lo que necesitamos para poder dormir tranquilos.

Durante miles de años, hemos inventado monstruos para explicar lo que no entendíamos.

Y, casi al mismo tiempo… hemos inventado otros para protegernos de ellos.

Algunos se colaban por la noche para llevarse a nuestros hijos.

Otros se sentaban a los pies de la cama… para hacerlos reír.

Y quizá por eso —aunque no sepamos muy bien por qué— seguimos conectando con historias como Monstruos S.A..

Porque algo dentro de nosotros reconoce ese patrón.

Ese instante en el que lo que debería darnos miedo… decide quedarse.

Cuidarnos.

Y, a veces, incluso volver solo para comprobar que seguimos bien.

Y es ahí donde te das cuenta…

de que los monstruos no han desaparecido.

Solo hemos aprendido a contar mejor sus historias.

Yo soy Daniel Sanz…
y esto es De Ranas y Reyes.

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