En el verano de 1524, la condesa de Lupfen, una localidad cercana a la Selva Negra Alemana, dio una curiosa orden a sus súbditos: debían dejar de cosechar para recolectar 1.200 conchas de caracol de buen tamaño. Se había puesto de moda entre las mujeres de la nobleza utilizar esas conchas como carretes de hilo, y la condesa quería tener una colección surtida tanto para ella como para sus doncellas.
Esta petición cayó como un jarro de agua fría sobre los aldeanos, quienes ya se encontraban ahogados por los constantes incrementos en los impuestos y las malas cosechas de los últimos años. Este año habían logrado un respiro al tener una buena cosecha, y el verse obligados a dejar de trabajar para cumplir un capricho colmó su paciencia.
El cuento del sastrecillo valiente como resistencia
La situación escaló y concluyó en el mayor levantamiento del pueblo, tan solo superado un par de siglos después por la Revolución francesa.
Sin embargo, estoy seguro de que la gran mayoría no sabíais nada de esta Guerra de los Campesinos. Y, por desgracia, también estoy seguro de que muy pocos conoceréis el cuento del Sastrecillo valiente, que nació como un relato de resistencia contra la nobleza alemana entre los campesinos tras la sangrienta derrota en esta guerra.
Por eso, este episodio va a ser diferente. Voy a ir explicando el contexto del sastrecillo valiente mientras profundizamos en la historia.
El relato comenzó a fraguarse de forma oral entre los campesinos tras la derrota impuesta por los nobles a finales de 1525. Como ya sabemos, y hemos visto en todos los episodios de este podcast, los cuentos van cambiando y madurando en su simbología. Aunque, en este caso, la primera versión escrita apareció bastante pronto, en el año 1557, de la mano de Martín Montanus. Y el primer cambio significativo con respecto a sus sucesivas adaptaciones ya aparece en el propio título; en esta primera versión, mostrando una gran originalidad, le llamaron: De un rey, un sastre, gigantes, un unicornio y un jabalí.
Regresando a nuestros amigos campesinos, que estaban más que cansados del abuso constante, comenzaron a organizarse. Mil doscientos de ellos se reunieron y escogieron líderes, formando una hermandad evangélica y redactando una lista de doce puntos en la que reivindicaban sus quejas. Entre las más importantes estaba la reclamación sobre la prohibición de cazar en los bosques bajo severos castigos, algo que se permitía tan sólo a los nobles.
En un principio estaban contentos porque veían buena voluntad, lo cual dio esperanza a los campesinos.
Pero tras ocho meses de negociaciones pacíficas y conciliadoras, en febrero de 1525, George Truchsess, líder de la Liga Suaba —una coalición armada que actuaba como intermediaria—, sentenció que ya había perdido mucho tiempo, que no les iban a conceder nada y que debían trabajar y callar.
Diferencias entre versiones y análisis del protagonista
Esto significó una condena eterna a la miseria y obediencia,sin ninguna esperanza de mejora.
Esto queda plasmado de forma gráfica y precisa en la versión original del cuento porque en la versión actual, la historia comienza con el sastre viendo cómo unas moscas se posan en su desayuno: una tostada de pan con mermelada que acaba de comprar. Cansado de que las moscas estropeen su delicado desayuno, coge un matamoscas y golpea con fuerza. Cuando ve que ha logrado matar a siete moscas, se siente orgulloso; coge un grueso cinturón y borda en él, con letras doradas, la frase: «Maté siete de un golpe».
Por el contrario, si rebuscamos hasta encontrar la versión original del cuento, no existe la rebanada de pan con mermelada, sino una montaña de basura con la que debe convivir el sastre porque tiene tanto trabajo que no dispone de tiempo ni para limpiar, y todo se va acumulando en una esquina de su minúsculo taller. La montaña de basura crece día a día y ya tiene una nube de moscas viviendo en ella. El sastre arremete contra la nube de moscas y, de un golpe, mata a quince.
En un primer momento podemos pensar que da igual, que al final el cuento es el mismo, pero no es así: el contexto es otro. En la versión original lo que se muestra es la decadencia del sastre, el hastío de su propia existencia. Debe trabajar tantas horas que no tiene tiempo ni para limpiar, peor aún, por más que trabaje el dinero nunca le llega: no puede contratar a un ayudante para reducir su carga de trabajo y poder vivir de una forma más digna.
Aquí debemos responder otra pregunta importante: ¿Por qué el protagonista es un sastre? Esta elección de una profesión tan específica es lo que da sentido a todo el cuento. En esa época se tenía una opinión, digamos, desfavorable sobre los sastres. Se les consideraba hombres débiles debido, en primer lugar, a su trabajo sedentario y, sobre todo, por considerarse una labor de mujeres. Incluso había un dicho en el que se afirmaba que hacían falta nueve sastres para hacer un hombre.
Hay otro matiz importante: dentro de las clases trabajadoras, a los sastres se les consideraba un pequeño nicho de élite intelectual. Para ser sastre se debía tener una formación académica previa; no solo hacía falta saber leer y escribir, sino también poseer nociones elementales de matemáticas.
Por lo tanto, que una persona formada deba vivir rodeada de desechos y trabajar de sol a sol sin opción de romper ese ciclo y ascender socialmente, frente a la versión más moderna donde puede tener pequeños caprichos como la tostada con mermelada, representa un cambio enorme aunque a primera vista no lo parezca. Todo esto explica esa falsa esperanza de ocho meses de negociaciones, donde soñaban con que algo iba a cambiar, que su situación podía mejorar…
Otro cambio importante es que el sastre, en esta versión original, consigue una antigua armadura, la limpia, la pule y escribe en grandes letras doradas en el pecho «Maté siete de un golpe», decidiendo ir al castillo del Rey para que lo contrate como a un valeroso guerrero de su guardia privada. Esto representa el primer pensamiento de los campesinos: la lucha armada, embutirse en una armadura para combatir.
Por cierto, si os habéis preguntado por qué puso en su armadura que había matado a siete moscas, en lugar de las quince que mató, esto tiene su explicación en la simbología. El siete siempre ha sido considerado un número mágico, sinónimo de perfección, armonía y pureza. Lo encontramos en el elemento natural más mágico que hay: los siete colores del arcoíris… rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Esta clasificación, por cierto, fue popularizada por Isaac Newton. Es cierto que, si nos ponemos tiquismiquis científicamente, es un espectro continuo con una gradación infinita de colores, pero este es un podcast sobre los relatos y su poder, así que nos quedamos con el simbolismo del arcoíris.
También encontramos el número siete en la clasificación de los días de la semana y en el número de notas de la escala musical: Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si. También en la tradición popular de que «siete vidas tiene un gato», o en que el séptimo hijo tiene poderes o es una persona especial. Incluso en la época dorada del cine, en 1954, encontramos el musical Siete novias para siete hermanos.
El estallido de la guerra existencial
El corte abrupto de las negociaciones, no solo brusco sino frío y despectivo, fue la chispa que incendió la rebelión. Comenzaron a producirse pequeñas escaramuzas hasta que, el 4 de abril, tuvo lugar la batalla de Leipheim. En ella, la Liga Suaba no hizo concesiones: ignoró a las personas que se rendían o huían siguiendo una política de castigo ejemplar y masacró a más de tres mil campesinos sin hacer ningún prisionero.
Los campesinos no tenían formación militar ni armas. ¿Cómo iban a enfrentarse a la caballería o artillería?
Doblegar a la nobleza por la fuerza dejó de ser una opción. Era imposible. Por eso escogieron a un sastre como el protagonista del relato; lo único que les quedaba era ser más inteligentes. Un hombre débil pero inteligente: el héroe que necesitaban.
A partir de esa primera masacre ya no se trataba de quejas o revueltas; sino de una guerra existencial, marcada no solo por la injusticia, sino por la crueldad y el desprecio hacia sus propias clases trabajadoras.
Los campesinos crearon una gran coalición para asaltar el castillo de Weinsberg, destruyendo la aldea y ejecutando de manera pública al conde de Helfenstein junto a otros setenta nobles.
Las pruebas de fuerza contra los gigantes
Lo primero que debemos tener claro es la simbología escogida, los gigantes representan a la nobleza de Alemania.
El gigante al ver la armadura del sastre con la inscripción se alegra; cree que al fin ha encontrado a alguien que es un digno rival para él y lo desafía a unas pruebas para medir su fuerza. Aquí vemos todas las críticas de los campesinos contra la nobleza, las injusticias que les llevaron a rebelarse de forma simbólica.
En la primera prueba, el gigante agarra una piedra y la oprime con fuerza hasta que la convierte en polvo. El sastre engaña al gigante cogiendo un trozo de requesón de su alforja, haciéndole creer que es una piedra; lo aplasta de modo que chorrea el suero, haciendo pensar al gigante que posee tanta fuerza que ha logrado producir algo tan valioso como el agua de una piedra inerte. Esto simboliza cómo los nobles exprimen las cosas que las convierten en mero polvo residual, mientras que el sastre, lo que hace es trabajar con los elementos básicos hasta lograr obtener un beneficio: el agua.
En segundo lugar, el gigante agarra una piedra y la lanza con todas sus fuerzas, retando al sastre a que lo supere. El sastre agarra un pájaro que llevaba en su morral, que había recogido antes en el bosque y, de nuevo simulando que se trata de una piedra, lo arroja con fuerza. El pájaro, al verse libre, vuela hacia el bosque, por lo que se aleja de la vista sin llegar a tocar el suelo, superando con mucho la distancia alcanzada por el gigante. De nuevo, otro mensaje: la nobleza solo cuenta con su fuerza bruta sin ver más allá; sin embargo, el sastre sabe ver todo lo que tiene a su alrededor para, con menor esfuerzo, conseguir un resultado superior.
La última competición consiste en arrastrar un enorme árbol caído en el bosque. El gigante le desafía a ver quién es capaz de arrastrarlo más lejos, a lo que el sastre le responde que esa prueba llevará mucho tiempo y que lo mejor es que compitan ambos a la vez para terminar antes. Le dice al gigante que él agarre el tronco y camine delante, mientras que él lo que hará será cargar con las ramas, que al ser mucho más voluminosas requieren mucho más esfuerzo, y caminará detrás; cuando uno de los dos se canse, que lo diga, y de esta forma el vencedor será el otro.
El gigante acepta encantado creyendo que, además, parte con ventaja. Agarra el tronco y comienza a caminar mientras el sastre se tumba de forma cómoda sobre las ramas a la espera de que el gigante se canse. Es otra prueba más de la incapacidad de la nobleza para distinguir entre la carga real del trabajo y la carga percibida, como alusión a que ellos siempre creían que los campesinos hacían poco y cada vez les exigían más impuestos, creyendo que no eran más que unos vagos.
Tras derrotar al gigante, el sastre llega al castillo con su flamante armadura apoyado por las historias que habían llegado antes que él sobre cómo había derrotado al gigante en tres pruebas diferentes.
El Rey, el Unicornio y el Jabalí
En un primer momento, el Rey se alegra mucho de poder contar con alguien tan poderoso entre sus guardias, aunque luego cambia de opinión cuando el jefe de la guardia real le comunica que el resto de soldados tienen mucho miedo del nuevo: temen que ser tan poderoso se vuelva contra ellos y los mate. Otra muestra más de que la nobleza ni tan siquiera aprecia y valora lo que se le ofrece de buena voluntad o, peor aún, lo teme y quiere acabar con ello.
El Rey le asigna diferentes misiones para que demuestre su poder real antes de aceptarlo en su guardia. En primer lugar, debe acabar con dos gigantes que tienen atemorizado al reino entero; en segundo lugar, atrapar a un unicornio; y, en tercer y último lugar, capturar a un jabalí salvaje que aterroriza a los campesinos.
El sastre acepta las pruebas, pero dice que entonces no se conformará con ser un guarda, sino que, si cumple las tres misiones, deberá recibir en compensación la mano de la princesa; a lo cual el Rey, convencido de la imposibilidad de realizarlas, acepta.
En su primera misión el sastre encuentra dormidos a los dos gigantes, se esconde y arroja piedras a la cabeza de uno de ellos; cuando se despierta, le grita insultos para que piense que es el otro gigante quien le ha golpeado y ahora se hace el dormido. Realiza esta operación con ambos gigantes varias veces hasta que se enzarzan en una pelea y mueren ambos despeñándose por la ladera de la montaña.
La segunda misión, capturar al unicornio, tiene una simbología mucho más sutil. Hay que tener en cuenta que el unicornio se considera un símbolo sagrado de pureza y, por lo tanto, de realeza. En aquella época, el unicornio era un símbolo muy usado en la heráldica de la nobleza. El sastre lo captura engañándolo y provocando que cargue contra él, apartándose en el último momento y haciendo que su cuerno se clave de forma profunda en el tronco de un árbol, momento en que lo captura. Aquí está, de nuevo, otorgando a la nobleza —a través del comportamiento del unicornio— la característica de ser violenta e incapaz de ver la estratagema del sastre, a quien otorga la capacidad de ser más inteligente trazando un plan para usar en su contra el propio poder del animal.
Antes de pasar a la tercera prueba que le puso el rey, debemos regresar de nuevo a la guerra entre los campesinos y la nobleza para tener el contexto necesario. Tras la masacre de los nobles y la respuesta de los campesinos destruyendo un castillo y matando a una ingente cantidad de nobles, la situación se encarnizó. Esto llevó al agotamiento de ambas partes, lo que propició que en mayo se firmase una tregua para retomar las negociaciones…
Sin embargo, lo que ocurrió es que las fuerzas conjuntas de Felipe I de Hesse y el duque Jorge de Sajonia rodearon el principal campamento donde se habían reunido los campesinos para dialogar y cargaron contra ellos a traición matando a más de diez mil campesinos, la mayoría de ellos mientras huían.
Ese día se dio por finalizada la rebelión, aunque las batidas y las ejecuciones sumarias continuaron hasta septiembre.
Cuando la condesa solicitó la recolección de las mil doscientas conchas, había más de trescientos mil campesinos; cuando se dio por finalizada la rebelión, no llegaban a doscientos mil.
¿Cómo es posible este suceso? Tal nivel de crueldad, traición repetida e incumplimiento de la palabra dada. Ya sabemos que nadie es un santo, pero ¿hasta este extremo? Y aquí entra en juego, como no, la figura de la Iglesia, y encontramos una figura que tiene un peso específico: Martín Lutero, quien, del mismo modo que apareció en el episodio de Galileo solo para dar problemas, aquí se cubre de gloria.
Los campesinos, al momento de rebelarse, creían que Martín Lutero —que se había refugiado en Alemania tras la persecución iniciada contra él por parte de la Iglesia— estaría de su parte. Debemos recordar que una de las principales consignas de este reformista del catolicismo, que lo criticaba porque solo servía a la nobleza, era llevar, y cito textualmente, el «sacerdocio de todos los creyentes» como una promesa de mayor igualdad social. Lo cual, pobres ilusos, interpretaron los campesinos como un apoyo de la iglesia hacia las clases pobres contra la nobleza explotadora y controladora.
Es posible que en un primer momento buscara eso… pero el contexto importa: Lutero provenía de una familia minera acomodada… no de mineros, sino de dueños de una mina.
Además, Lutero recordaba muy bien la persecución que sufrió, debido a la cual debió huir, y fueron los nobles alemanes quienes decidieron protegerlo y sentarlo a su mesa como un invitado de honor. Si se enfadaban con él por apoyar a los campesinos, no hacía falta ser un genio para imaginar que lo entregarían a las autoridades que lo reclamaban para ser juzgado.
Así que lo que hizo este buen señor, reformador del cristianismo, fue decir que los gobernantes estaban ordenados por Dios para mantener el orden. Por si no quedaba claro, matizó.
Afirmó que el deber del campesino era trabajar la tierra y el del gobernante mantener la paz; no solo eso: romper la paz social con una rebelión era un mal mucho peor que las injusticias que sufrían los campesinos y, por lo tanto, lo que debía hacer la nobleza era —y cito textualmente—: «matar a los campesinos como si fueran perros sarnosos».
Fue esa declaración de Lutero la que dio vía libre para romper la tregua con los campesinos y tenderles una emboscada.
No me digáis que lo del jabalí encerrado en la iglesia no es una metáfora preciosa.
La metáfora de la Iglesia y Lutero
Este suceso es el que trae, para mí, la mejor simbología del cuento: la de la prueba del jabalí. En los bosques vive un jabalí gigante que, en este caso, al ser un animal salvaje y combativo, encarna el papel de los propios campesinos. El jabalí es mundano en comparación con el refinamiento y belleza del unicornio, pero es capaz de causar problemas y hacer daño a través de la fuerza bruta… tal como lo fueron los campesinos en la guerra contra la nobleza, y si no fuese por las múltiples traiciones, hubiesen hecho muchas más.
El rey le pone como última misión al sastre que capture al jabalí; el sastre, al comprender que él solo no tiene ninguna oportunidad contra semejante bestia, traza una estratagema y logra engañar al jabalí para que le persiga al interior de una iglesia. En cuanto el jabalí entra en ella, el sastre salta por una ventana y cierra la puerta de la iglesia para que no pueda escapar, dejando al jabalí indefenso encerrado en su interior.
Esto representa, de una forma que me maravilla por su simpleza, cómo la nobleza utilizó el poder de la iglesia para controlar a los campesinos, hacerlos dóciles y temerosos para que no sospecharan nada y así controlarlos.
El desenlace y la evolución del cuento
Con esto llegamos a la parte final, donde el sastre, al superar todas las pruebas, logra su objetivo: se casa con la princesa logrando lo que perseguían todos los campesinos, conseguir una mejora en su estatus social. Pero ni la princesa ni el Rey están satisfechos con este matrimonio; además, la princesa descubre que su marido es en realidad un plebeyo ya que por la noche le escucha hablar en sueños de hilos y telas.
Se lo dice a su padre y juntos trazan un plan para matarlo, mostrando una vez más cómo los nobles siempre faltan a su palabra y solo piensan en matar a los que no son iguales a ellos. La idea es que la princesa deje por la noche la puerta de la alcoba abierta para que entren soldados y lo maten mientras duerme.
En la versión de los hermanos Grimm, el sastre es advertido de la traición por un escudero leal. Esa noche finge dormir y comienza a gritar sus hazañas en voz alta (la derrota de los gigantes, la captura del unicornio y del jabalí), amenazando a quienes están al otro lado de la puerta. Los sirvientes huyen aterrorizados creyendo que es un ser demoníaco o invencible, y el sastre logra conservar su corona no por amor o aceptación, sino proyectando una imagen de fuerza y miedo.
Y en las versiones actuales… olvidaos. La figura de la princesa ha evolucionado: de ser una mujer clasista y traicionera, pasó a ser retratada como una compañera bondadosa que admira la inteligencia y la valentía de su esposo. En las versiones modernas donde sí se aborda que el protagonista es un simple sastre, el desenlace se reescribe para que el Rey y la corte lo acepten por sus servicios y su gran ingenio, y no por su linaje.
La crítica a la interpretación psicológica
Llegados a este punto y habiendo explicado ya la versión original, me gustaría hacer una pequeña aclaración porque, como dice el refrán, «para un martillo todo son clavos». Cuando comencé a preparar este episodio me volví loco, casi literalmente. Toda la documentación que encontraba trataba sobre análisis psicológicos de este cuento; estudios y artículos académicos basados en el trabajo previo de Bruno Bettelheim, enfocado en cómo el cuento ayuda a la construcción del significado existencial y a la superación de los miedos infantiles.
Aquí todo giraba en torno a cómo, para el niño, el sastre es una figura de identificación ideal. Al ser pequeño y físicamente inferior a los gigantes, representa al propio niño (o al yo joven) enfrentándose a las enormes presiones del mundo adulto. El cuento transmitiría el valor de la resiliencia y ayudaría a superar el complejo de inferioridad intrínseco a la niñez. Desde esta perspectiva, matar a las siete moscas simboliza el despertar de la consciencia; el lema que borda en su cinturón («Maté siete de un golpe») no es visto como una mentira, sino como la creación de un nuevo «ideal del yo». Al anunciar su valentía, el sastre se obligaría a sí mismo a actuar de acuerdo con esa nueva identidad, lo que le permitiría salir de su vacío existencial y trascender sus limitaciones.
Cuando intentaba buscar otra vertiente, me seguía encontrando con la psicología basada en las teorías de Carl Jung y similares… y vamos a ver, no voy a tratarlas porque no son el propósito de este podcast pero, sinceramente, me hicieron perder mucho tiempo. Me parece estupendo que haya una reinterpretación de los cuentos, pero es precisamente lo que yo critico desde aquí: están cogiendo historias antiguas que tenían un significado y un propósito muy específicos —que es lo que hace que esas historias sean especiales— y les dan el significado que a ellos, en un momento determinado, les viene bien.
Jack Zipes y el contexto sociológico
En esta lucha contra los artículos psicológicos fue cuando por fin encontré un hilo del que seguir investigando que, cómo no, tiene nombre propio: Jack Zipes. Este buen señor, que a día de hoy tiene 88 años, cargó con dureza contra estas vertientes. Zipes advierte que el sastrecillo no está buscando la madurez psicológica en un vacío ni intentando integrar su ego; lo que busca, literalmente, es comida y alcanzar un estatus que el sistema de clases le niega. Tratar de explicar la historia como un mero desarrollo interno ignora que, en su origen, esta narrativa estaba profundamente condicionada por el hambre, la pobreza extrema y la opresión social.
Además, critica a psicólogos como Bruno Bettelheim por cometer el error de presentar los símbolos de los cuentos de hadas como modelos o normas universales de la psique humana. Para la perspectiva sociológica, los patrones de este relato no representan el desarrollo de la mente infantil, sino que reflejan comportamientos, tensiones de clase y actividades sociales muy específicas de la Europa de la modernidad temprana y preindustrial.
El cuento del sastrecillo valiente nació por el capricho de una condesa que costó la vida no solo a más de cien mil campesinos, sino que a los supervivientes los arrastró a una situación mucho peor: familias rotas, infinidad de heridos o mutilados, el doble de trabajo en el campo, un incremento de los impuestos… ¿Es justo perder ese mensaje? La principal diferencia que veo con la Revolución francesa es que esta la conocemos todos, porque ganaron los revolucionarios y, si hay algo que tenemos claro en esta vida, es que la historia la escriben los ganadores.
La condesa quería 1.200 carretes de hilo.
Eso es todo. No estaban en guerra, tampoco había ideología, ni ambición política. Solo una mujer aburrida que quería presumir ante sus amistades de la nobleza. Y eso costó la vida a más de cien mil personas.
Los supervivientes no tenían ejército, armas, ni formación. Por eso escogieron a un sastre como su héroe. Un hombre débil físicamente pero astuto.
Con él construyeron algo que ningún ejército pudo destruir: un relato que sobrevivió quinientos años y que todavía hoy le cuentan a sus hijos.
Sin saberlo, les están contando que sus antepasados murieron por un capricho. Tampoco saben que ese cuento nació del hambre, la rabia y la impotencia. O que el sastrecillo no es un héroe de fantasía, sino el sueño desesperado de gente real que no tenía otra forma de ganar.
Las historias no mueren cuando se olvidan. Mueren cuando se vacían. Cuando les arrancamos el dolor que las hizo necesarias.
La condesa consiguió sus carretes de hilo. Nosotros conseguimos el cuento.
Pregúntate cuál de los dos legados merece ser recordado.
Yo soy Daniel Sanz y esto es De Ranas y Reyes.
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