Barba Azul: El cuento que cambió la historia

por | De Ranas y Reyes | 0 Comentarios

A finales del siglo XVII, Francia estaba sumida en una guerra intelectual denominada la «Querella de los Antiguos y los Modernos». El poeta Boileau lideraba la facción defensora de la antigüedad clásica frente a los Modernos, encabezados por Charles Perrault.

Además, estaba cogiendo fuerza la oposición a la figura de la mujer relegada a la voluntad del hombre, que recibió el nombre de Querelle des femmes, la cual ya era una disputa europea sobre el intelecto y la posición social de la mujer. En Francia, las mujeres nobles tenían por costumbre reunirse en los salones de la corte tanto para debatir como para leerse cuentos.

Como estas mujeres apoyaban mayoritariamente las innovaciones de los Modernos, Boileau publicó su obra titulada Sátira X, criticando a las mujeres cultas y acusándolas de soberbia intelectual, de ser infieles a sus esposos, curiosas en exceso… y todo lo que se le ocurrió para desacreditar este apoyo al bando contrario.

Charles Perrault contraatacó publicando una respuesta directa titulada Apología de las mujeres, en plena efervescencia de la lucha intelectual entre hombres y mujeres que había avivado Boileau. Perrault argumentó que las mujeres debían cultivar su intelecto, participar en la lectura, emancipar su pensamiento y construir su propia vida social e intelectual acudiendo a los salones… Eso sí, con límites, que a fin de cuentas estamos en 1694; pero seguía remarcando que su figura de «mujer ideal» seguía siendo una figura estrictamente doméstica y de sumisión conyugal, donde la esposa debía administrar a los sirvientes y mostrar lealtad incondicional a la autoridad del marido. La cuestión es que, aun así, la visión de Perrault era moderna y transgresora para su época, más aún viniendo de un referente intelectual como era él…

Los cambios sociales profundos van paso a paso, y la apología de Perrault fue el primero.

El segundo paso también lo dio Perrault tres años más tarde, publicando Barba Azul.

Esta obra, que a día de hoy es tan solo un cuento que me atrevo a decir casi olvidado porque Disney no ha hecho una película sobre él, actuó como un catalizador durante la Ilustración y el siglo XIX, cuestionando el poder absoluto de la figura del pater familias. Consiguió que la figura del marido celoso y tiránico fuese catalogada como una reliquia de tiempos bárbaros que se oponía a la modernidad y a la «galantería», ayudando a establecer una sanción moral contra la violencia doméstica.

Así que poneos cómodos, porque hoy tenemos otro de esos episodios de descubrimientos asombrosos, de ver en su máximo esplendor el impacto tan poderoso de los cuentos para transformar la mentalidad política y social de la humanidad.

Y, siendo fielmente pesado con mi metodología, ya sabéis que lo primero, siempre, es el contexto.

Los orígenes orales de este cuento se remontan a la Edad del Hierro y al nacimiento de los señores feudales, para transmitir la tiranía y el sadismo que ejercían sobre sus vasallos.

En mis búsquedas he encontrado que tanto la historiografía como la antropología cultural asocian de manera unánime a Barba Azul con tres figuras históricas principales que encarnaron la soberanía punitiva y la violencia sistémica, anclando la historia real a este relato.

Este episodio, de nuevo, va a estar dividido en dos bloques principales: primero analizaremos las principales figuras históricas que asentaron este relato y, en la segunda parte, analizaremos como tal y en profundidad el cuento de Barba Azul y el impacto que ha tenido no solo en su época, sino incluso en el cambio de mentalidad de la sociedad hasta nuestros días.

La primera figura documentada que hay nos lleva hasta la Bretaña celta en el siglo VI, donde nos encontramos con Conomor el Maldito. Lo cierto es que lo que hay registrado sobre él… da para película de señor feudal tan malo que parece el origen del estereotipo. Desde que era joven mostraba un sadismo y una crueldad desproporcionados; tal es así que su propia madre mandaba tocar una campana cuando su hijo salía del castillo para que los aldeanos tuviesen tiempo de esconderse…

Ya de adulto, cuando era conde, si las partidas de caza no le resultaban satisfactorias, se dirigía a la aldea o fincas más cercanas y, en cuanto veía a alguien, azuzaba a sus perros para que los atacasen y descuartizasen vivos…

Sin embargo, algo hay que reconocerle: era igualitario en su trato. Si quería algo de una familia noble, ya fuese una propiedad o una de sus hijas para casarse con ella, y, por alguna razón que no comprendo, la familia se lo negaba, no había problema. Les expropiaba todo y los exiliaba, o bien mataba a todos los miembros de la familia y se quedaba con todo…

Hay que tener en cuenta que es imposible saber qué hay de cierto o de mito en esto; además, se juntan dos cosas: una de las épocas más oscuras de la historia de la humanidad, donde se podían cometer todas las barbaridades que se quisiesen sin que nadie se enterase, y que todo esto fue transmitiéndose de forma oral, lo que permite adornarlo como gustase a cada uno sin tener fuentes que consultar.

Dejando esto claro, toca explicar de dónde viene el sobrenombre de «el Maldito».

El bueno de Conomor cargaba sobre sus espaldas una maldición que auguraba que moriría a manos de su primer hijo. Lo cual solucionó matando a todas las mujeres con las que se acostaba y, si era alguna de sus esposas, mostraba su magnanimidad esperando a que diesen muestras de estar embarazadas para hacerlo.

La mujer más famosa es Trifina, hija del conde Waroch II. Esta mujer sufrió varios intentos de asesinato tras quedar embarazada, de los cuales logró escapar de milagro. Al fin logró escapar e intentó regresar a las tierras de su familia, pero fue capturada en el camino y decapitada por Conomor.

Se convirtió en un símbolo de pureza y sufrimiento. Su culto se extendió fuertemente en esta región europea, siendo venerada como la patrona de los niños enfermos y los nacimientos tardíos. Incluso llegó a obtener el estatus de santa a través de la canonización popular o por aclamación, un método habitual en los primeros siglos del cristianismo. Su estatus de santidad se consolidó en la tradición oral de la Bretaña francesa (donde su festividad se celebra cada 21 de julio).

Para nosotros, en este momento, lo que más nos interesa es otro sobrenombre que tenía este buen señor. También se le conocía como Baro glaz. si buscamos el significado en el bretón moderno, glaz designa un tono azul o verdoso, pero si buscamos en el bretón medieval, glaz se usaba para designar un tono grisáceo o un tono de pizarra. De aquí surge el hecho tan característico del título del cuento, Barba Azul, de una transposición literal o un error de traducción.

Por lo tanto, ya tenemos la pieza más importante: la primera figura de la historia que dio sentido al terror de Barba Azul.

Aunque el segundo caso que siguió alimentando este arquetipo de señor feudal sanguinario y sádico tampoco se queda corto. Además, parte con ventaja al venir de tener un buen nombre y reputación: Gilles de Rais fue un aristócrata bretón también, mariscal de Francia y compañero de armas de Juana de Arco durante la guerra de los Cien Años.

Tras retirarse regresó a sus castillos, eso sí, con los bolsillos bien llenos, y como el buen hombre se aburría y tenía tiempo y dinero, comenzó a practicar alquimia e invocar demonios. Y para hacer esto, secuestró y descuartizó a decenas de niños campesinos de las villas cercanas.

Al fin fue descubierto, juzgado tanto por tribunales eclesiásticos como civiles y finalmente ejecutado en Nantes en el año 1440, a la edad de 35 años.

Es cierto que se diferencia del estereotipo de Barba Azul en el hecho de que no asesinaba a sus esposas, ni tan siquiera mataba mujeres. Pero lo monstruoso de sus acciones y el hecho de ser un señor feudal aterrorizando a villas enteras hizo que su recuerdo se fundiese con el recuerdo del cuento de Barba Azul.

En 1820, Édouard Richer, en su crónica publicada ese mismo año, popularizó esta asimilación folclórica. Además, para el campesinado es comprensible, ya que De Rais representaba la máxima expresión de la impunidad feudal y el terror gótico.

Y no hay que olvidar a Enrique VIII. La figura del rey de la dinastía Tudor, quien ejecutó por decapitación a dos de sus seis esposas bajo acusaciones de adulterio y traición, se convirtió en el referente político más cercano del absolutismo marital de la época moderna. Este caso, en el que es un rey el tirano, fue el que reforzó la idea de que la tiranía conyugal y la impunidad política eran fenómenos consustanciales a la cúspide del poder monárquico.

La más famosa de ellas, Ana Bolena, pasó de ser el gran amor por el que Enrique rompió con la Iglesia católica —llegando a promulgar el Acta de Supremacía (1534), que lo declaraba máxima autoridad eclesiástica en Inglaterra y dio origen a la Iglesia Anglicana— para terminar decapitada bajo falsas acusaciones de adulterio, incesto y traición.Ahora ya nos estamos acercamos a la franja histórica que nos interesa.

El contexto político y social de Francia bajo el reinado de Luis XIV (conocido como el Rey Sol) es fundamental para comprender la adaptación que se realizó del cuento.

Luis XIV centralizó el poder absoluto de la corte de Versalles, redujo la independencia de la nobleza e impuso una férrea censura sobre cualquier manifestación literaria que alentara la disidencia o el cuestionamiento de la jerarquía divinizada del monarca.

A nivel social, el orden civil reposaba sobre la doctrina jurídica del pater familias, que otorgaba al marido un control casi absoluto sobre el cuerpo, la libertad y los bienes de su esposa.

Fue aquí donde los salones intelectuales liderados por mujeres nobles y burguesas se alzaron como espacios de sutil resistencia cultural. Estos fueron el caldo de cultivo perfecto para gestar la gran polémica en la que Perrault participó activamente: la defensa de las capacidades intelectuales y los derechos afectivos de las mujeres.

El cuento literario de La barbe bleue, de 1697, se inserta directamente en este debate de salón. Aunque en la superficie el relato incluye una moraleja convencional que condena la curiosidad femenina por considerarla causa de males (asimilándola a los mitos bíblicos de Eva y Pandora), el desarrollo de la trama de Perrault opera como una apología de la desobediencia femenina.

La clave se asienta sobre las intenciones, porque la protagonista no abre el gabinete por capricho o codicia. Utiliza la llave para descubrir la verdad y despojar a su esposo de su máscara de respetabilidad social y cortesana.

El detonante es la mancha de sangre en la llave. Al desobedecer el mandato autoritario de Barba Azul, la esposa se salva de ser una víctima más. Y gracias a eso demuestra a las jóvenes de los salones que la sumisión ciega conduce a la destrucción.

Sin embargo, la gran explosión que supuso este relato alcanzó su punto álgido algo más de cien años después, durante el reinado de Napoleón III. Pero antes de pasar a ese bloque, permitidme un poco de promoción: en las notas del episodio tenéis el enlace para escuchar el audiolibro de mi primera novela, Secretos rotos, y el de mi página web por si queréis contactar conmigo o necesitáis alguna asesoría para crear vuestro propio podcast, escritura de guiones, equipo de grabación….

Y ahora ya, pasemos a la Francia del autoproclamado emperador Napoleón III, exactamente al 5 de febrero de 1866.

Porque en esa fecha es cuando el compositor de origen judío Jacques Offenbach, en colaboración con sus libretistas habituales Henri Meilhac y Ludovic Halévy, estrenó la célebre ópera bufa Barbe-Bleue en el Théâtre des Variétés de París.

Y, de nuevo, para comprender la importancia de esta reinterpretación de la obra… necesitamos contexto.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que Napoleón III había sido elegido de forma democrática… pero, al no lograr ser reelegido, dio un golpe de Estado y se autoproclamó emperador… No sé de dónde sacaría la idea.

Gobernaba mediante un régimen autoritario que restringía la libertad de prensa y perseguía la disidencia republicana, algo por otro lado sorprendente en un dictador, claro está. Por otro lado, el emperador sostenía un estilo de vida disoluto, caracterizado por una búsqueda insaciable de amantes y placeres físicos que eran la comidilla de los salones cortesanos y de la burguesía adinerada.

Por otra parte, tanto el pueblo llano como la intelectualidad bohemia parisina encontraban consuelo y liberación en las producciones musicales ligeras (el teatro de variedades y la opereta), que eran el único canal que tenían para reírse de las debilidades del poder.

La ópera bufa de Offenbach convirtió el cuento de terror de Perrault en una sátira de la moral burguesa y de la promiscuidad imperial. En esta versión, el personaje de Barba Azul no es un ser siniestro, sino un noble ridículo y amanerado que desposa y «elimina» a sus esposas no por odio, sino simplemente para renovar de manera constante sus apetitos sexuales. La alusión a las costumbres de Napoleón III era tan transparente que el público parisino identificaba de inmediato al monstruo literario con el jefe del Estado.

La burla se extendía a la figura del rey Bobèche —un monarca absurdo obsesionado con las formas ceremoniales de la corte— y a su ministro, el conde Oscar, parodiando el servilismo de los cortesanos del Segundo Imperio. El giro cómico radica en que el alquimista Popolani, encargado de administrar el veneno a las esposas caídas en desgracia, en realidad solo les suministra un somnífero para ocultarlas en un lujoso refugio subterráneo. Al final de la obra, las mujeres «resucitadas» organizan una marcha de reivindicación y obligan a Barba Azul a someterse a la autoridad de su última esposa, Boulotte, desarticulando así el absolutismo conyugal en medio de las risas.

Napoleón III decidió no aplicar la censura ni prohibir las representaciones de la opereta. En este punto demostró que era un gran estratega del control de daños políticos. Tenía claro que si hubiese censurado el Barbe-Bleue de Offenbach, habría supuesto de facto un reconocimiento oficial de que el ridículo y libertino Barba Azul era un reflejo suyo. Al permitir que la sátira continuase y que el público se deshiciese en carcajadas, el régimen desactivó la peligrosidad revolucionaria de la crítica. Entre su permisividad y las ganas de reírse del poder del pueblo, la ópera bufa se convirtió en un éxito mundial sin precedentes, realizando giras triunfales por toda Europa y cruzando el Atlántico hasta Nueva York en 1868, tan solo dos años después de su estreno.

Y todo esto gracias a la reinterpretación que hizo Perrault…

La popularización del cuento fue tal que alteró el lenguaje cotidiano y la psicología forense de Francia.

El término «barbazul» penetró formalmente en el léxico penal de la gendarmería y los tribunales franceses para catalogar judicialmente a los asesinos en serie de mujeres que simulaban enlaces matrimoniales por motivos de codicia económica. La influencia del relato moldeó la cobertura periodística de crímenes célebres y sirvió para tipificar las dinámicas de violencia de género antes de la conceptualización moderna de los derechos humanos.

Sin embargo, hacia la década de 1950, la popularidad de Barba Azul como lectura apta para la infancia decayó de forma drástica en los programas educativos de Francia debido a la crudeza gótica del cuarto ensangrentado y la exposición del uxoricidio sistemático.

No obstante, el cuento experimentó una revitalización extraordinaria en la literatura para adultos.

La corriente de la deconstrucción feminista, iniciada oficialmente por Angela Carter y continuada por ensayistas psicoanalíticas como Clarissa Pinkola y escritoras francófonas contemporáneas como Amélie Nothomb, rescató el mito para reinterpretar la transgresión de la esposa.

En la literatura del siglo XXI, el cuarto prohibido ya no simboliza la debilidad moral o la desobediencia insensata de la mujer, sino el umbral de autoconocimiento, la rebelión epistemológica y la conquista de la soberanía individual frente a los tiranos que pretenden dominar la mente y el cuerpo femeninos.

Y todo esto gracias a un cuento que nació del terror y la indefensión de los aldeanos frente a los señores feudales y fue reinterpretado por Perrault para cambiar el rol de la mujer.

Una buena historia, bien contada y adaptada, no es que sea una buena herramienta, sino que es la herramienta que existe para cambiar la mentalidad de una sociedad, incluso frente a un dictador como Napoleón III.

La única forma de cambiar algo es ser capaz de mostrarlo de forma cruda a todos, llevándolo al extremo de hacerlo irrisorio, exponiendo el sinsentido que es.

Y ahora, por desgracia, se considera que los cuentos son algo baladí, un mero entretenimiento para los más pequeños… porque incluso cuando un niño llega a los ocho o diez años, ya dice que es grande para los cuentos.

Una herramienta de supervivencia, de transmisión de tradiciones y peligros, una herramienta de cambio y evolución reducida al merchandising….

Excepto aquí, porque aquí los cuentos se respetan.

Yo soy Daniel Sanz y esto es De ranas y reyes.

Un artículo que aborda el debate de los salones franceses, la sátira de Boileau contra las mujeres y la respuesta progresista de Perrault. 

La Barbe Bleue: An Incitement to Femicide or Feminism? 

Arcadia: https://www.byarcadia.org/post/la-barbe-bleue-an-incitement-to-femicide-or-feminism

Un ensayo crítico que detalla las limitaciones de la defensa de las mujeres de Perrault y explica el origen secuencial de la numeración romana en la obra de Boileau. 

Un texto analítico que explora el impacto del cuento en el psicoanálisis y detalla las visiones de figuras como Sigmund Freud y Bruno Bettelheim. 

Barba azul: resumen, moraleja y análisis del cuento 

– Cultura Genial: https://www.culturagenial.com/es/barba-azul/

Un reportaje histórico exhaustivo que documenta la supervivencia de la historia del rey Conomor a través de la hagiografía cristiana y detalla sus atrocidades contra el campesinado. 

The Breton Bluebeard | A Blast From The Past 

– by Mike Dash: https://mikedashhistory.com/2015/12/28/the-breton-bluebeard/

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