Canibalismo y despertar sexual: Los auténticos orígenes de Caperucita Roja

por | De Ranas y Reyes, Sin categoría | 0 Comentarios

Si queremos comprender el auténtico poder de los cuentos y su utilidad vital para la supervivencia del ser humano, el mejor ejemplo que se me ocurre es, sin duda, El cuento de la abuela

Sin embargo, antes de continuar, me veo obligado a haceros tanto una advertencia como una promesa. Se trata de un cuento tan duro como necesario. Un cuento que sintetiza el horror de una época donde el ser humano se vio obligado a practicar el canibalismo para sobrevivir. Como es lógico, aquí voy a plasmar el contexto que condujo a eso; no voy a ser explícito ni regodearme en detalles innecesarios.

Pero si decidís acompañarme en este viaje por la parte más oscura del ser humano, os prometo que el viaje os va a fascinar tanto como a mí y que, al llegar al final, vuestra opinión sobre los cuentos habrá cambiado para siempre.

¿No me creéis? Quizá si os digo que este oscuro cuento llamado El cuento de la abuela nosotros lo conocemos como Caperucita Roja.

Contexto histórico

Este viaje va a ser muy largo para tratarse de un cuento tan corto porque, aunque os parezca increíble, contiene muchísima información tanto de la época como de las costumbres y el profundo cisma, tanto moral como de crisis religiosa, que se produjo en el corazón de Europa.

Y sí, os prometo que estamos hablando del cuento de Caperucita Roja.

Como siempre, me gusta buscar el árbol genealógico de cada cuento para comprender su evolución e ir siguiendo los cambios en base al contexto histórico para poder comprenderlo en su conjunto global. Esta investigación la realizó el profesor Jamshid J. Tehrani, del Departamento de Antropología y Centro para la Coevolución de Biología y Cultura de la Universidad de Durham. Publicó un estudio llamado La filogenia de Caperucita Roja en la revista PLOS ONE el 13 de noviembre de 2013.

De este tipo de métodos de estudio, clasificaciones y demás ya hablaremos más adelante; de momento, tan solo nos quedamos con que la versión más antigua de este cuento data del siglo I d. C. y se llama El lobo y los cabritos, donde un lobo imita la voz de la madre de los cabritos para engañarles y devorarlos.

Este cuento fue evolucionando durante la Edad Media en Francia, Austria y el norte de Italia hasta llegar a la primera versión propia del que fue llamado La historia de la abuela, que es el que circuló entre los campesinos franceses durante la Baja Edad Media, dilatándose su vigencia entre los siglos X y XV.


Las primeras versiones del cuento

Como imaginaréis, es imposible saber con exactitud cuál es la versión original del cuento. Sin embargo, hay consenso en cuál es la versión más completa. Como hay muchísima información importante, voy a ir contando la historia deteniéndome para añadir las explicaciones en cada momento.

La historia de la abuela comienza con una madre que acaba de cocinar y le entrega a su hija una cesta con alimentos para que se los lleve a su abuela, que está enferma.

Incluso con tan poca información ya tenemos varias cosas para comentar: la primera es que no hay ningún tipo de advertencia por parte de la madre sobre los peligros del bosque, del camino ni nada por el estilo. Esto no es algo baladí, porque plasma de forma evidente que la hija ya los conoce y, más importante aún, sigue viva. Por lo tanto, sabe manejarse; además, tampoco hay constancia de que se le llame «niña», sino joven o muchacha.

Cuando la joven llega al bosque, se encuentra con dos caminos diferentes y un hombre aparece ante ella. Se trata de un Bzou, un hombre lobo; este es un dato que sabe el oyente del cuento pero, como es lógico, no la protagonista. El hombre le pregunta qué camino va a coger, si el de las agujas o el de los alfileres. La joven le responde que el de las agujas y el hombre dice que, entonces, él cogerá el de los alfileres y ya verán quién llega antes.

Aquí ya tenemos infinidad de información vital en la que debemos detenernos a analizar con sumo cuidado. Doy por supuesto que vosotros, al igual que yo, habréis alucinado al escuchar que se trata de un hombre lobo y, en mi ignorancia, me dije: «¿Hombres lobo en Francia?». Porque, por lo menos yo, aparte de la canción Lobo hombre en París del grupo La Unión, nunca había escuchado nada similar.


El camino de las agujas y de los alfileres

La parte del hombre lobo, aquí llamado Bzou, la explicaré más adelante porque se requiere explicar bastante sobre la situación de la sociedad para poder comprenderla. En esta pausa vamos a centrarnos en la maravilla metafórica que representa la elección de estos caminos.

La antropóloga Yvonne Verdier realizó un magistral trabajo de campo recorriendo decenas de pequeñas villas y aldeas de las zonas más recónditas de Francia para preguntar por el significado de estos caminos porque —oh, sorpresa— nadie de las grandes ciudades recordaba el significado. En este viaje descubrió algo maravilloso: cómo se realizaba el cortejo en la antigüedad.

  • Los alfileres: Representaban que todavía se era una niña que estaba entrando en la pubertad; los jóvenes pretendientes regalaban alfileres a las chicas con la esperanza de que los aceptasen y, de esta forma, comenzaba el cortejo. Se dejaba de ser una niña, pero todavía no se era una mujer.
  • La aguja: Ya representa a una mujer que ha crecido y ha tenido relaciones con un hombre. De hecho, la expresión «enhebrar la aguja» tiene una connotación sexual explícita en ese contexto y las prostitutas llevaban agujas en las mangas de la camisa, por ejemplo, para representar lo que eran.

Por lo tanto, el hecho de que la muchacha —aquí no se llama Caperucita ni lleva la caperuza roja, os lo recuerdo por si acaso— decida escoger el camino de las agujas deja claro que ya es una mujer. Lo cual tiene mucho sentido para lo que sucederá después; sin embargo, el eliminar tanto al hombre lobo como los nombres de los caminos mutila de forma irremediable este cuento.

La adición de una capa roja, que es la versión que ha llegado hasta nuestros días, la introdujo un sacerdote de Lieja en un poema; más concretamente, se trataba de una capa bautismal roja. Este cambio se hizo para eliminar de forma explícita la elección de estos caminos, dejando en su lugar un simbolismo más sutil: el de la capa bautismal roja simbolizando la menstruación. Es decir, en aquella época todavía eran lo suficientemente espabilados para poder identificar que el lobo que habla es un hombre que oculta un monstruo en su interior y que la capa roja bautismal señala la menarquia (la primera menstruación) para dejar entrever que una niña se acababa de convertir en mujer.

El trabajo que realizó la antropóloga Yvonne Verdier fue publicado en 1978 como un artículo titulado Grands-mères, si vous saviez: le Petit Chaperon Rouge dans la tradition orale («Abuelas, si supierais: Caperucita Roja en la tradición oral») en la revista académica Cahiers de Littérature Orale. Este trabajo fue recopilado junto con otros estudios realizados por esta fabulosa investigadora en un libro titulado Façons de Dire, Façons de Faire: La Laveuse, la Couturière, la Cuisinière, publicado en 1979; libro que yo, por lo menos, no he podido encontrar en español, aunque sí hay numerosos trabajos suyos sueltos traducidos.


Volviendo al cuento

Una vez que el Bzou y la muchacha se separan, el hombre lobo corre con todas sus fuerzas y llega mucho antes a casa de la abuela, donde la devora a excepción de un trozo de carne, que guarda en un plato en la alacena, y un poco de sangre, que guarda en una botella y también deposita en la alacena junto al plato. Entonces se pone las ropas de la abuela y se mete en la cama a la espera de que llegue la muchacha.

Llegados a este punto me surge un grave problema, porque tengo que explicaros el contexto de varios siglos para poder comprender todo lo que ocurre a continuación en cuatro pequeños párrafos de un cuento; increíble pero cierto. Así que intentad no escandalizaros y tened paciencia que, vuelvo a prometeros, todo tiene una explicación que cambiará vuestro asco inicial no solo por comprensión, sino por compasión.

Una vez que llega la muchacha a la casa, el monstruo, desde la cama, le dice que estará cansada; que deje la cesta con la comida en la mesa y que coma la carne que le ha guardado en la alacena. La muchacha le obedece, coge el plato con la carne de su abuela y se lo comienza a comer. En ese momento aparece un gato y grita: «¡Puaj!, ¡es una puta la que se come a su propia abuela!». El monstruo le dice que le lance un zapato a ese deslenguado y se termine la carne, que es lo que hace la muchacha.

Al terminar, le dice que tendrá sed, que le guardó un poco de vino en una botella en la alacena, que vaya a buscarlo y se lo beba, lo cual hace la muchacha. En ese momento aparece un pájaro en la ventana y grita: «¡Es una zorra la que se bebe la sangre de su abuela!». A lo que el monstruo le dice que arroje su otro zapato al pájaro deslenguado, lo cual hace la muchacha y termina de beber todo el contenido de la botella.

Impactante, ¿verdad? Fijaos si tengo que explicaros cosas antes de poder comprender esta escena, que debemos retroceder hasta el año 900, hablar del cambio climático y del modelo teórico de los ciclos malthusianos.


Crecimiento demográfico y ciclos malthusianos

Por más que el cerebro humano sea consciente de que estamos hablando de una época pasada, es muy complejo lograr tanto comprender como asimilar lo que allí ocurría y, sobre todo, por qué ocurría.

En primer lugar, lo que vemos son infinidad de campos de cultivo disgregados entre enormes zonas boscosas, pequeños huertos, aldeas… Estamos en una etapa medieval mayoritariamente agrícola y cazadora y, aunque también es ganadera, se trata de un porcentaje mínimo reservado para los grandes señores y la producción de lana o leche. En torno al año 900, nos encontramos en plena expansión demográfica debido a estar en ese período de transición de la oscura Alta Edad Media y comenzando a entrar en la moderna Baja Edad Media.

Aparte de los cambios sociales y culturales de este período de transición, hubo otro factor externo clave: un incremento de las temperaturas generalizado conocido como el Período Cálido Medieval. Aunque ya sabemos lo que ocurre después de esto: llega el frío. Y así ocurrió; poco después vino un período conocido como la Pequeña Edad de Hielo, que comenzó en torno al año 1300. Y entre medias hubo una época de transición con temperaturas más húmedas y frías.

Este es el problema principal de fondo a nivel global: peores cosechas, menos forraje para los animales, más virus resistentes en el aire, mayor dificultad general para encontrar caza y abrigarse… Todo ello justo después de una época de explosión demográfica. Como problemas derivados y más directos tenemos, por ejemplo, algunas nimiedades como la Guerra de los Cien Años, la peste bubónica y la Gran Hambruna. Para sorpresa de nadie, las zonas más afectadas fueron las más pobres y alejadas de las grandes urbes; las zonas boscosas con pequeñas parcelas de cultivo que tan solo servían para alimentar a familias.

Como resumen: quedaos con que hubo casi cuatro siglos de abundancia y prosperidad que generaron un incremento brutal de la demografía, el cual no fue ni propiciado ni acompañado por una mejora en la tecnología. Una explosión demográfica totalmente dependiente de los ciclos de cultivo y que, al chocar con el muro del cambio climático global, colapsó.


La gran hambruna

El primer desastre con nombre propio fue la Gran Hambruna, cuyo epicentro duró desde 1315 hasta 1317. Fue precidida por unos inviernos más duros de lo normal seguidos de veranos excesivamente lluviosos y fríos, incluso para lo habitual en esa zona. Esto ocasionó tanto que los granos no pudiesen madurar como que no se pudiese cosechar el forraje para los animales.

Para terminar de comprender esto hay que tener en cuenta también el ratio de cosecha: en la época actual, por ejemplo, con las técnicas modernas, por cada grano cultivado se cosecha un promedio de treinta granos; en la época de la que estamos hablando, tan solo se cosechaban siete por cada grano cultivado en épocas buenas, y en la que mencionamos de forma específica, tan solo dos.

Es decir, imaginad que sois una familia con un pequeño terreno, que a duras penas tenéis lo justo para comer; después del duro trabajo que representa trabajar la tierra de forma manual, prepararla para el cultivo, luchar con los animales, insectos, plagas y ladrones, al fin tenéis todo cosechado y, tras apartar el grano que hay que guardar para volver a sembrar el próximo año, veis que os queda lo mismo o menos de lo que tuvisteis el año anterior. Otro año más, con suerte, de racionamiento y hambre, asumiendo que no haya problemas adicionales.

No mucho tiempo después llegó, en 1347, la peste negra o peste bubónica, que en tan solo cuatro años acabó con entre el treinta y el sesenta por ciento de la población europea, según las zonas. Y a inicios del siglo XV, la guinda del pastel: comenzó la llamada Pequeña Edad de Hielo.


Los hombres lobo

Supongo que ahora mismo estaréis pensando algo tipo: «Genial, Dani, muy bien explicado, de verdad, ¿pero esto qué tiene que ver con los hombres lobo y el canibalismo?». Y la respuesta, mis queridos oyentes, es: todo.

Había protestas generalizadas porque las zonas más favorecidas gracias a mejores rutas de comunicación, mano de obra abundante y almacenes —es decir, las grandes ciudades que sí habían tenido importantes mejoras tecnológicas— no enviaban ayudas o suministros a las aldeas, y menos aún a las zonas más inhóspitas o zonas donde ni tan siquiera había aldeas, sino casas familiares desperdigadas.

Además, un recurso de primera como la sal, indispensable para poder conservar los alimentos en una época donde no existían los refrigerados, comenzó a tener precios prohibitivos. En pocos años, algo tan necesario como la nutrición mínima para la subsistencia se convirtió en un privilegio. Curioso, sobre todo teniendo en cuenta que la epidemia a la que nos enfrentamos hoy en día es la obesidad.

Esta carestía y desigualdad prolongada en el tiempo trastocó de forma drástica la mentalidad, no solo de los afectados, sino incluso de la clase dirigente y la eclesiástica. Con este caldo de cultivo nos asentamos en el siglo XIV, donde la gente ya solo piensa en sobrevivir y hace cualquier cosa para lograrlo. Según los cronistas, comenzaron a comer cosas consideradas impuras por la moral de la época: perros, gatos, ratas y, finalmente, incluso a sus propios hijos.

Encontramos en numerosos estudios al cronista más importante contemporáneo a estos hechos: Jean de Venette, un fraile carmelita. Por ejemplo, en las Crónicas de Bristol del año 1315, se cuenta que la gente comía carne de perro o rata y algunos presos llegaron a devorar a los nuevos prisioneros que llegaban, y cito textualmente: «medio vivos». Este tipo de situaciones tampoco era nueva; entre los años 1032 y 1035 también hubo otra hambruna en Europa y ahí encontramos a otro monje cronista, Raoul Glaber, que describió cómo el hambre llevó a la normalización de la antropofagia, llegando al extremo de que se vendía carne humana cocinada en el mercado de Tournus como si fuera carne animal, y los viajeros eran asesinados por sus anfitriones para ser comidos.

Con este contexto creado podemos recordar otros cuentos, como por ejemplo el de Hansel y Gretel o Pulgarcito, donde se narra el abandono de los niños debido a no poder mantenerlos o, en el caso de Hansel y Gretel, donde ya aparece también la figura del canibalismo.

Creo que este contexto es suficiente para retomar el hilo argumental del cuento, con la aparición del gato y del pájaro insultando a la muchacha por devorar a su propia abuela. Este tipo de actos eran sabidos por todos e incluso comprendidos, pero eso no significa que fuesen aceptados, por fortuna. Para que la propia mente colectiva de la sociedad lo asimilase, es cuando se comenzó a generar la leyenda de los hombres lobo, para intentar justificar de algún modo que una persona normal jamás cometería tal aberración. De esta forma se comenzó a propagar que la gente que hacía esto en realidad estaba presa de un maleficio y era su mitad animal la que los cometía.


Juicios por licantropía y brujería

No debemos confundirnos: no se trataba de casos aislados en pequeños núcleos urbanos y que fuesen habladurías o mitos inventados; esto estaba muy presente en la vida cotidiana, habiendo linchamientos e incluso juicios masivos. Durante muchos años se creyó que tan solo en Francia hubo unos 30.000 juicios a este respecto. Una figura que aporta mucha información y es clave para comprender ciertas implicaciones es Pierre de Lancre, un juez inquisidor muy importante y activo en torno al año 1611. Su trabajo judicial se concentró en la región de Labourd, en Francia, donde creía que casi todas las familias practicaban la brujería en alguna forma. Se destaca específicamente el trabajo de Montague Summers, cuya obra The Werewolf in Lore and Legend es considerada una gran colección que incluye la traducción de casi todos los juicios de hombres lobo famosos de Francia y textos de eruditos de la época moderna temprana.

Sin embargo, estudios más recientes como los de Willem de Blécourt, un antropólogo holandés especializado en el estudio de la brujería en Europa que publicó artículos entre los años 2007 y 2015, aseguran justamente que la creencia de que había habido unas 30.000 personas juzgadas se debía a una mala traducción del libro publicado por el juez Pierre de Lancre. Aseguran que el número real sería de unos pocos cientos… que tampoco está nada mal.

Imagino que para poder aceptar mejor lo que iban a hacer, se comenzaron a inventar pactos con el diablo, donde las personas debían untarse un ungüento por el cuerpo, el cual era el que les convertía en lobos, y así es como devoraban a otros seres humanos. Por lo tanto, ya tenemos el contexto de la aparición del fenómeno de los Bzou, como fueron llamados en Francia. Así que ahora vamos a analizar otra parte fundamental que, con tanta información, es posible que os haya pasado desapercibida.


La ruptura social con la Iglesia

Por si lo habíais olvidado, en esa época la Iglesia era el pilar central de la moralidad; era la guía que se debía seguir y, si orabas, Dios te escucharía y ayudaría. ¿Por qué entonces la gente se moría de hambre? Aunque digáis que soy un pesado, no podemos ver esto con los ojos de hoy; estamos hablando de hace setecientos años, y no es un tema de risa. Pese a que a día de hoy Europa siga siendo mayoritariamente católica, no tiene nada que ver el impacto social y poder de esta figura hoy con el que se tenía hace siglos, o incluso hace ochenta años.

Esto llevó a un incremento terrible de la violencia y no solo de atracos o robos, sino incluso en el propio núcleo familiar. Coger un mendrugo de pan que no te correspondiese te valía con facilidad una paliza que te dejase medio muerto… o en la cazuela.

Cuando el monstruo hace comer y beber la sangre de la abuela, vemos varios indicadores importantes. La voz del pueblo es la voz del gato y el pájaro que la insultan, recordando que, aunque se esté pasando una época nefasta, hay límites que no deben cruzarse. También está el rito en sí: no solo come la carne, sino que también se bebe la sangre. Algunas personas ven aquí una burla a la eucaristía; sin embargo, lo más aceptado es un ritual de regeneración, del ciclo de la vida.

Aquí, por trágico que resulte, hay un concepto vital que es el de la «boca inútil»: la carga para la sociedad que no puede permitirse el lujo de mantenerla. Del mismo modo que hay constancia en los escritos del abandono infantil y del canibalismo, también la hay de personas ancianas que, de forma voluntaria, dejaban de comer para consumirse y no representar una carga para sus familiares… y otros actos que no necesitamos esforzarnos para imaginar.

Se trata, en realidad, de un relevo generacional: ¿Cómo se le van a dar los alimentos a una vieja? Esto es un desperdicio de recursos; ella ya tuvo hijos, ya realizó su ciclo de vida; ahora le toca morir y dar su energía y su puesto a la muchacha, a la que va a tener relaciones carnales con hombres y va a ser madre…. Hay que alimentar a la que va a engendrar vida, no a la que ya está «seca».

Esto queda más claro si miramos las tradiciones agrícolas de la época: cuando se estaba cosechando el grano, había un ritual que era «matar a la vieja».

La antropología clásica, liderada por Sir James Frazer en La rama dorada, ha documentado extensamente los rituales de cosecha en Europa donde el espíritu del trigo se personificaba en la figura de una «Vieja» o «Madre del Grano». Al final de la cosecha, el último haz de trigo no se cortaba simplemente; se «mataba». En regiones de Alemania, Polonia y Francia, los segadores gritaban: «¡Estamos matando a la Vieja!».

Este ritual simbolizaba la necesidad de que el ciclo anterior muriera para alimentar al nuevo. El grano viejo debía ser consumido para dar vida a la comunidad y permitir la siembra futura. En el contexto de Caperucita Roja, la abuela representa esta «Vieja» del ciclo vital. Ella ha cumplido su función reproductiva y productiva; ahora es, en términos brutales de economía agraria, una boca inútil o un recurso latente.

La etnóloga francesa Yvonne Verdier, en sus estudios seminales sobre las costumbres de Minot y Borgoña, argumenta que el cuento dramatiza una sustitución biológica. La nieta, al llegar a la pubertad (marcada por el «camino de las agujas» y la «caperuza roja», que puede simbolizar la menstruación), está lista para reemplazar a la abuela en el rol de mujer fértil. El acto de comer la carne y beber la sangre no es un acto de profanación, sino de transfusión de poder. La vitalidad de la abuela pasa físicamente a la nieta a través de la ingesta. Es una comunión totémica: la niña absorbe la esencia de su linaje para tener la fuerza de enfrentar al lobo y convertirse en mujer.


Dilema teológico y judicial

Antes de pasar a la última parte del cuento, el encuentro directo con el monstruo, debemos adentrarnos en esta ruptura con la figura de la Iglesia, en la que probablemente fuese el mayor cisma entre el pueblo llano y el propio núcleo del poder. Esta sensación de abandono de su Dios, la injusticia de ser honrados, fieles y devotos, rezar y, pese a todo, morir de hambre, creó una desconexión profunda y trastornos mentales.

No solo eso, sino que las propias alucinaciones de la gente sintiéndose monstruos o creyendo que se convertían en ellos para poder justificar de algún modo sus actos atroces, creó un grave problema enfrentando al poder judicial con el eclesiástico. Para seguir esta línea con la profundidad y rigor que se merece, lo mejor es seguir la pista al gran juez de San Claudio, Henri Boguet.

Por desgracia, volvemos a tener el problema de una mentalidad del año 2026 con respecto a la de 1600… Es decir, a día de hoy, si se detiene a una persona por canibalismo y alega que está poseída por un demonio que la convierte en un lobo para cometer tal acto… pues tampoco tenemos que pensar mucho en las opciones que hay. Pero en esa época, no. Lo que se veía era incluso a familias enteras babeando, caminando a cuatro patas y aullando, negándose incluso a hablar; y no eran pocos los que creían —incluso seguramente ellos mismos también lo creerían— que habían dejado de ser humanos por obra de algún demonio.

Para lograr esta unión de puntos de vista, Boguet siguió esta línea de argumentación:

  1. Como Dios había creado al hombre a su imagen y semejanza, sobre todo en lo referente al alma, era absurdo que esta divina creación estuviese habitada por una bestia.
  2. Imposibilidad física y espiritual: Argumentaba que si realmente el alma de un humano abandonase su cuerpo para ser habitada por la de una bestia, dicha persona moriría en el acto.
  3. La naturaleza del engaño: Por lo tanto, concluyó que la metamorfosis no era real ni material, sino una alucinación o «glamour» producido por Satanás. Según esta visión, el Diablo podía «envolver» a los humanos en una forma ilusoria o condensar el aire para producir una efigie adecuada que engañara los sentidos de los observadores.

A pesar de clasificar el fenómeno como una ilusión, Boguet no mostró clemencia. Al observar a los acusados en el tribunal gruñendo y moviéndose a cuatro patas, determinó que estaban claramente bajo un hechizo o pacto diabólico. Por esta razón, consideraba que eran igualmente merecedores de la pena de muerte; tan solo en 1598, Boguet dictó 17 sentencias de muerte basadas en esta lógica. No fue hasta bastante después, en torno al año 1650, cuando la creencia en la transformación animal desapareció por completo, quedando plasmado, por ejemplo, en la enciclopedia de Diderot que todo lo relacionado con la creencia de la licantropía se debía a un trastorno cerebral.

Sinceramente, me resulta imposible pensar, y menos aún determinar, si esas personas estaban tratando de burlarse de la sentencia fingiendo ser lobos o si realmente se convencieron a sí mismos de lo que eran para justificar lo que habían hecho….


Erotismo y despertar sexual

Y ya, por fin, llegamos a la última parte del cuento que, para variar, también es muy distinta. Una vez que termina de comer y beber la muchacha, el monstruo le dice que tendrá frío, que se desnude para meterse en la cama con ella para darle calor. La muchacha se quita el delantal y le pregunta que dónde lo puede guardar, y el monstruo le dice que lo tire al fuego porque ya no lo necesitará más.

A continuación, la muchacha se quita la blusa y repite la pregunta de dónde la puede guardar, y se repite la instrucción de que la tire al fuego porque ya no la necesitará. Es en esta escena donde se confirma que la muchacha comienza a entrever al monstruo mediante la serie de preguntas o afirmaciones sobre su físico: «¡Qué brazos más fuertes y peludos tienes, abuela!».

Recordemos que en esta versión el narrador indica al oyente que la muchacha, en el cruce de caminos, encuentra un Bzou, un monstruo con aspecto humano; el oyente tiene una información vital de la que no dispone la protagonista. Por lo tanto, al llegar a este punto, se ofrece al oyente la información de que la joven está logrando ver a través del engaño, por lo que se está generando una tensión sobre qué hará la muchacha para lograr escapar.

Sin embargo, en la versión actual este cuento es un sinsentido. La muchacha llega a la encrucijada y ve a un lobo que le habla. ¿En serio? ¿Eso es normal? Cuando llega a la casa de su abuela, el lobo vestido con el camisón de la abuela está en su cama ¿y no nota nada raro? En esta versión es un hombre, con aspecto humano, el que hace esto que, por lo menos a nivel anatómico —aunque tampoco es que sea muy parecido a una anciana—, sí tiene cierto grado de verosimilitud mayor que un lobo.

Esta escena se alarga repitiendo este juego erótico con todas las prendas de ropa, obteniendo en cada pregunta sobre la prenda la orden de que la arroje al fuego y, tras hacerlo, la muchacha ve más nítidamente al monstruo y continúan sus preguntas sobre su voz, dientes….

Una vez la muchacha está completamente desnuda ya no tiene dudas de ante quién se encuentra; recordemos que era un hombre lobo, no un lobo. Entonces el monstruo disfrazado de abuela levanta la manta invitándola a unirse a él, pero ella le dice que tiene que ir a cagar, que con la comida se le han revuelto las tripas y no aguanta más.

El monstruo le dice que lo haga ahí mismo y la muchacha, escandalizada, le dice que cómo va a hacer eso, que tiene que salir un momento afuera para hacerlo. El monstruo, de mala gana, accede pero le ata una cuerda al tobillo para asegurarse de que no huye y, de vez en cuando, da tirones de la cuerda para asegurarse de que sigue ahí.

La muchacha sale al exterior, logra desatarse la cuerda y atarla a un árbol, y sale corriendo; logra huir atravesando un río para que no pueda seguir su rastro. No tiene armas y claramente nunca podrá derrotar a un hombre en un combate cuerpo a cuerpo, menos aún a un depredador, así que hace uso de lo único que tiene: su ingenio.

Dice que debe ir a defecar, sale de la casa y huye. Aquí hay no un mensaje, sino muchísimos; marca de forma clara y coherente el camino de una niña para convertirse en una mujer.

¿Qué mensaje queda en el cuento actual de Caperucita Roja? «Haz caso a tus mayores o te meterás en problemas»… y ni tan siquiera eso porque, además, si lo haces y te metes en problemas, acudirá un cazador para salvarte. ¿Veis algún parecido con la versión original?

No a vosotros, pero a mí me parece increíble todo el saber condensado que ofrece el cuento original.

Cómo el cuento de El lobo y los siete cabritos fue siendo adaptado, modificado y creciendo hasta convertirse en esa primera versión de La historia de la abuela. Los elementos añadidos con precisión milimétrica para indicar la maduración de una niña en mujer, los peligros de los hombres, el cambio generacional, el recuerdo de que, por muy mal que se esté, sigue habiendo líneas morales que no deben cruzarse y, sobre todo, que una mujer nunca debe esperar ayuda de nadie y tan solo debe valerse por sí misma y su astucia.

Debo reconocer que, en un primer momento, cuando leí la versión original, me produjo rechazo; que estaba leyendo un montón de sandeces, una versión gore y porno para adultos fruto de la mente calenturienta de algún pervertido… Sin embargo, una vez que comencé a documentarme, me parece una historia maravillosa, fascinante, cargada de sentido, tradición y cultura popular. Y me da mucha pena que el ser humano, en su continua evolución, se haya olvidado de sus raíces de tal modo.

Es por esto que los cuentos me parecen unas herramientas indispensables para ayudar al ser humano en su evolución; algo vital que me da mucha pena que haya sido convertido en algo insustancial, vistos tan solo para entretener a los más pequeños.

Herramientas que, sin embargo, siguen siendo utilizadas a día de hoy para manipularnos sin que seamos —o, mejor dicho, sin que queramos ser— conscientes de ello.

Excepto aquí; en este, vuestro espacio, los cuentos se respetan.

Yo soy Daniel Sanz y esto es De Ranas y Reyes.

Enlaces más relevantes

El Estudio Científico de los Orígenes (PLOS ONE)

https://doi.org/10.1371/journal.pone.0078871

Archivo de Historia y Folclore de Hombres Lobo (Bone and Sickle)

https://www.boneandsickle.com/2019/07/22/30-loup-garou-werewolves-in-france

Contexto Histórico de los Juicios (History.com)

https://www.history.com/articles/werewolf-trials-europe-witches

Repositorio de Textos Folclóricos (University of Pittsburgh)
https://www.pitt.edu/~dash/folktexts.html

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *