La Cenicienta: de Egipto a Disney, un cuento al servicio del poder

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La Cenicienta es, probablemente, el cuento más conocido y universal de todos.
Pero ¿y si no fuera una sola historia?

En este episodio recorremos sus versiones más importantes: desde la antigua Rhodopis egipcia, pasando por la Ye Xian china, la brutal versión italiana de Basile, la moralizante adaptación francesa de Perrault, la crueldad alemana de los Grimm y, finalmente, la versión edulcorada de Disney.

Un viaje por siglos de historia para descubrir cómo cada cultura utilizó el mismo relato para transmitir valores muy distintos: obediencia, castigo, perdón, sumisión, trabajo o poder.

Porque Disney no inventó La Cenicienta.
Solo eligió qué versión exportar.

El inicio de todo

Sin tener ningún dato ni prueba que lo confirme, me atrevo a decir sin titubear que La Cenicienta es el cuento más universal y conocido que existe en la actualidad. No es casual el hecho de que Disney la eligiese para ser su segundo largometraje, apostándolo todo en ella para salvar al estudio de la quiebra.

Este cuento tiene varios hitos en su haber: en primer lugar, se trata del relato que asienta el concepto moderno que tenemos del cuento a día de hoy; en segundo lugar, es el que instaura varios arquetipos propios del género, como el hecho de tener acompañantes animales mágicos o, en su versión más reciente, el hada madrina y el príncipe salvador.

Es por todo esto que he escogido este cuento como primer capítulo —propiamente dicho— de este podcast, «De Ranas y Reyes», para que os hagáis una idea más clara de lo que podréis encontrar en este espacio… Aunque en el siguiente capítulo daremos un giro interesante, porque hablaremos sobre el cerebro, su plasticidad y la neurología propia que entraña la lectura y la escritura en él.

Dicho esto, dejémonos de rodeos, poneos cómodos porque este viaje va a ser largo, como todos los que merecen la pena, y acompañadme en este viaje que comienza en el siglo I a. C., trasladándonos hasta Egipto.

Aquí nos encontramos con el cuento oral más antiguo del mundo (en el formato de cuento de hadas al que estamos acostumbrados hoy en día). Se trata de la historia de Rhodopis, una hermosa joven que, como he comentado, dio origen a lo que hoy conocemos como Cenicienta, aunque tan solo comparte con ella el elemento del zapato.

El relato original nos habla de una joven de belleza sin igual. Un día, mientras se estaba bañando, un águila le robó una de sus sandalias y emprendió el vuelo con ella. Ese día, el faraón estaba administrando justicia al aire libre y, al pasar sobre él, el águila dejó caer la sandalia en su regazo.

Sorprendido por este hecho tan curioso y admirado por la delicadeza y belleza del calzado, decidió emprender la búsqueda de su propietaria. Al encontrarla, se maravilló de su belleza y se casó con ella.

Como podéis ver en este resumen —y tampoco creáis que el original es mucho más extenso—, aquí no se dice nada de que la joven sufriese padecimientos, tuviese una familia opresora ni necesitase ningún tipo de ayuda. Vale, la historia como tal es bastante sosa… no ocurre nada relevante salvo la intervención del águila; aunque tampoco se dice en ningún momento que sea un animal mágico que ayude a Cenicienta por necesidad.

No sé qué se puede extraer de esta versión: que si eres guapo te casarás con un rey, supongo. Y que si naces siendo feo, búscate la vida.

De aquí pasamos a la segunda versión. Para ser honesto, debo aclarar que no se tiene claro cuál de las dos es más antigua; lo que sí es seguro es que esta, la versión china, es la versión escrita más antigua que existe.

Aquí nos encontramos con un jefe de clan que tenía dos mujeres. Una de ellas falleció al dar a luz a su hija, llamada Ye Xian, que debió ser criada por la otra mujer del jefe. Al ser muy hermosa, la madrastra le tenía envidia porque eclipsaba a su propia hija y, además, era muy habilidosa con el bordado. Por eso la trataba mal y le encomendaba las tareas más pesadas, que la niña aceptaba sin quejarse nunca.

Un día, yendo a buscar agua, vio un hermoso pez de ojos dorados y aletas rojas que la miraba como si la reconociese. La niña lo recogió y se lo llevó a casa, donde lo guardó en un balde con agua, convirtiéndolo en su mascota y su único amigo.

Como el pez creció mucho, la niña lo devolvió a un estanque al que iba a visitar cada día mientras realizaba su tarea diaria de buscar agua. El pez acudía a saludarla, siendo este el único momento de felicidad de Ye Xian. Cuando la madrastra se enteró, mandó a la niña a buscar agua a otro pozo más lejano y fue ella al estanque a matar al pez, pues no soportaba que Ye Xian fuese feliz de ningún modo. Capturó al pescado, lo cocinó y lo enterró lejos para que la joven no pudiese encontrar ni sus restos.

Cuando Ye Xian se enteró y vio que el pez no acudía a su llamada, comenzó a llorar desconsolada. Entonces, un anciano vestido con ropas andrajosas se acercó a ella y le dijo que le siguiese; le explicó dónde estaban los restos de su amigo el pez y le indicó que los desenterrase y conservase, pues, cuando tuviese necesidad, si les rezaba de corazón, estos le concederían lo que desease. Eso sí, le advirtió que no debía ser egoísta o sería castigada por Dios.

Al poco tiempo se celebraba el Festival de la Cueva, un evento importante al que acudirían todos los jóvenes del reino para buscar esposa. Todas las jóvenes estaban ansiosas por acudir con sus mejores vestidos, sin embargo, la madrastra prohibió a Ye Xian asistir, puesto que no soportaba la idea de que se casase antes que su propia hija; además, Ye Xian no tenía ropa apropiada.

Recordó entonces lo que le dijo el anciano, así que rezó a los restos de su amigo pez y, para su sorpresa, se encontró vestida con un magnífico traje de seda, una capa de plumas y unos elegantes zapatos dorados. Acudió al festival y pronto todos los jóvenes la rodearon, sorprendidos por su hermosura y la elegancia de sus prendas. Ante el tumulto, todos querían ver de quién se trataba; la hermanastra le dijo a su madre que se parecía a Ye Xian y, al ver que ambas se acercaban para reconocerla, Ye Xian emprendió la huida, perdiendo por el camino uno de sus zapatos dorados.

Este zapato fue recogido por un campesino y vendido; fue intercambiado numerosas veces hasta que llegó a manos del rey, quien decidió averiguar a quién pertenecía y mandó a sus hombres a investigar. Al llegar a casa de Ye Xian, la madrastra dijo que pertenecía a su hija, pero no le entraba. Entonces apareció Ye Xian, que se lo puso sin esfuerzo, quedando claro que solo ella podía ser la propietaria. Fue conducida a presencia del rey, quien se casó con ella. La madrastra y la hija murieron aplastadas por piedras voladoras y fueron enterradas bajo un montículo llamado «La tumba de las mujeres arrepentidas».

Como se puede ver, esta es ya una versión más elaborada, con diversos elementos: introduce tanto a la familia opresora como la ayuda mágica y, sobre todo, encontramos elementos moralizadores.

Tenemos la piedad filial: aceptar su destino y su trabajo sin ninguna queja y, ante ello, vemos una justicia cósmica que interviene para recompensarla. El pez como tal tan solo era un acompañante; de por sí, en un primer momento, no tenía nada especial, pero a ella la hacía feliz y eso bastaba. Ante la crueldad de arrebatárselo es cuando aparece el anciano, pero también le advierte: si eres egoísta, habrá repercusiones. Este elemento de contención no se repite más adelante en las versiones europeas. Y, del mismo modo, la madrastra y la hermanastra son ejecutadas por sus pecados por unas piedras voladoras y castigadas hasta la eternidad bajo un nombre despectivo para que sirva de ejemplo.

Como ya he mencionado antes, no se tiene claro si esta versión o la de Rhodopis es la más antigua; sin embargo, sí hay varias cosas en las que parecen estar de acuerdo los estudiosos: ambas parecen proceder de un proto-cuento euroasiático y parece que Rhodopis es una adaptación de un cuento oral oriental anterior.

Para hacernos una idea general, que es la intención de este podcast, creo que con esto es suficiente para dar el siguiente salto y llegar a lo que nos ocupa: las versiones europeas.

Saltamos hasta Italia, al año 1636, donde nos encontramos con la versión de Giambattista Basile y su cuento La Gatta Cenerentola. Aquí vemos una versión bastante diferente de la que estamos acostumbrados; en primer lugar, porque Cenicienta no es un personaje pasivo.

Tenemos en común a la madrastra, que trata muy mal a la niña y, a su vez, a una institutriz que la quería con toda su alma y la colmaba de atenciones. Tal es así que la niña quería a la institutriz como a una madre y le confesaba que no sabía qué hacer con su malvada madrastra, que la tenía atemorizada. La institutriz le explicó que debía tender una trampa a su madrastra para que se asomase a un pesado arcón que tenía en su cuarto y, cuando lo hiciese, bajase con fuerza la tapa para partirle el cuello. ¡Toma ya, niña indefensa! ¿Cómo os quedáis?

Siguiendo las instrucciones, la niña lo hizo, mató a su madrastra y, a partir de ese momento, comenzó a hablar maravillas de su institutriz a su padre, diciéndole que debía casarse con ella. El luto es para los perdedores, claro que sí, y si ya van dos mujeres, menos aún…

Al final, el padre se casa con la institutriz y esta aparece con seis hijos de los que, hasta ese momento, no había dicho nada. Una vez casada, comienza a menospreciar a la niña y a mandarle los trabajos domésticos… esa parte ya nos la sabemos.

También debo reconocer que, sabiendo que la niña partió el cuello de la anterior, esta mujer apuesta fuerte.

La niña, desconsolada, va a llorar a la tumba de su madre, donde ha surgido un árbol de dátiles. En él hay una hermosa gata que le habla y le dice que la ayudará; le cuenta que va a haber unos bailes, le da vestidos, la niña pierde un zapato, lo encuentra el rey y el resto ya lo conocemos.

Lo más importante es que aquí Cenicienta no es un actor pasivo: interviene en todo momento pidiendo ayuda a su institutriz y después matando a su madrastra (lo cual, por cierto, no tiene repercusiones de ningún tipo). Vemos de nuevo la aparición de un animal que es, en realidad, un hada, y volvemos a tener la ayuda mágica.

De aquí pasamos a Francia, al año 1697, con la famosa adaptación de Charles Perrault que muchos conocemos. Él introduce el hada madrina, la calabaza, las doce de la noche como toque de queda, el zapato de cristal… Sin embargo, lo más interesante son los valores que los poderes de facto querían introducir:

«La belleza para el sexo es un tesoro raro,

de admirarla nunca uno se cansa;

pero lo que llamamos buena gracia

no tiene precio, y vale aún más.»

Charles Perrault busca transmitir que, si bien la belleza física es valiosa, la «buena gracia» (el comportamiento social, la etiqueta y el encanto) es el factor determinante para el éxito y el ascenso social en la sociedad de su época. Otro fragmento del cuento que no tiene desperdicio dice:

«Es sin duda una gran ventaja

tener ingenio, coraje,

buena cuna, buen sentido,

y otros talentos semejantes

que se reciben del Cielo;

pero los tendréis en vano,

para vuestro avance serán cosas inútiles

si no tenéis, para hacerlos valer,

padrinos o madrinas.»

Aquí ya se toma partido: deja claro que la posición de la mujer es sentarse a esperar; debe ser poco más que un elemento decorativo y serán otros (el hada madrina y el príncipe) quienes la recompensen y valoren. Está muy alejada de esa versión italiana que le parte el cuello a su madrastra. 

La versión china también tenía esa parte de no intervención, por decirlo de alguna forma; sin embargo, allí era una justicia abstracta. Aquí se deja claro que es la figura del príncipe, el marido, quien debe salvarla.

Es más, a mi modo de ver, lo más llamativo de esta versión es la adaptación hacia el catolicismo, pues introduce el perdón. Cenicienta no guarda rencor hacia su madrastra y hermanas; no solo las perdona, sino que las acoge como sus protegidas, las lleva a vivir al castillo y casa a sus hermanastras con dos grandes señores.

En la versión china vimos cómo eran castigadas por una fuerza abstracta superior (llamémosle cosmos o como prefiráis) y en la versión italiana no se hace alusión a ninguna represalia; sin embargo, aquí se enfatiza que se debe perdonar, lo cual hace única a esta versión.

Finalmente, tenemos la versión alemana, que en realidad son dos: una de 1812 y otra de 1857. Aquí se llama Aschenputtel que, no sé a vosotros, pero a mí me suena bastante mal.

Hay algunos elementos menores, como que los ayudantes mágicos son dos palomas (o más animales en otras variantes) o que el escondite de Cenicienta es un peral o un gallinero. Sin embargo, para mí, lo más memorable de estas versiones es su crueldad y el castigo recibido por la madrastra y sus hijas.

La madre corta los dedos de las hijas para que les entre el zapato, para empezar. Pero a lo que me refiero es a lo que ocurre cuando se casa Cenicienta:

«Cuando se celebró la boda, llegaron las falsas hermanas queriendo ganarse el favor de Cenicienta y participar de su buena fortuna. Cuando la pareja nupcial se dirigió a la iglesia, la mayor estaba a la derecha y la menor a la izquierda, y las palomas les picotearon un ojo a cada una. Después, cuando salían, la mayor estaba a la izquierda y la menor a la derecha, y las palomas les picotearon el otro ojo. Y así, por su maldad y falsedad, fueron castigadas con ceguera por el resto de sus vidas.»

Esta versión buscaba elevar los valores del protestantismo luterano y se remarca como digno de admiración y recompensa el duro trabajo de Cenicienta y su sumisión a las figuras de autoridad. También se enfatiza el castigo divino, representado por las palomas que dejan ciegas a las hermanastras, muy alejado de la versión de la corte francesa católica.

Por último, quedaría la versión de Disney, en la que considero que no hace falta profundizar mucho. 

Es decir, es una versión edulcorada que tan solo busca no ofender a nadie, ofrecer un estereotipo de princesa que guste a los padres y a las niñas. Que deben ser obedientes, pacientes y buenas esposas.

Me recuerda mucho a las películas de Paco Martinez Soria que tuvimos en españa, moralina disfrazada de entretenimiento. Ojo, que a mí me encantan las películas de Paco Martinez Soria, pero es eso, mientras las ves te diviertes y entretienes pero, una vez se acaban… te olvidas.

Como veis, aunque no lo parezca, hay grandes diferencias entre las distintas versiones; desde luego, no son simples cuentos. Tienen un mensaje muy claro, ajustado a la época y al contexto religioso de cada una.

La versión de Disney busca homogeneizar una versión para Occidente donde se remarque la pasividad de la mujer, el hombre como salvador y la obediencia, bajo la premisa de: «sé bueno y no tengas aspiraciones, que ya serás recompensado».

Disney no inventó La Cenicienta, tan solo escogió que versión del poder exportar.

A mi modo de ver, también es curioso cómo unas versiones nos transmiten algo y otras nos parecen fútiles o sin sentido. La versión original de Rhodopis nos puede parecer vacua; sin embargo, a partir de Ye Xian, al añadir numerosos elementos, la historia cobra forma.

En cualquier caso, lo único que espero es que, gracias a este somero análisis, comencéis a ver cómo los cuentos son algo más: son elementos moralizadores y educadores.

También os animo a que, si os resulta interesante, os paséis por mi blog (danielsanz.es), que utilizo como laboratorio de pruebas escribiendo artículos sobre los arquetipos de personaje, la creación de antagonistas, neurodivergencia… y cualquier cosa que considere interesante o relacionada.

Y, si os ha gustado, os espero en el siguiente episodio para comenzar a hablar sobre neurociencia y fantasía. Porque ¿acaso no os habéis preguntado porque nuestro cerebro decide que versiones son mejores o peores? O, mejor dicho ¿cuales tienen valores correctos y cuales no? De eso, y más, seguiremos hablando. 

Yo soy Daniel Sanz y esto es, De Ranas y Reyes.

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